La política acaba de darle una bofetada a la soberbia demoscópica en Brasil. Flávio Bolsonaro llegó a la primera vuelta por delante de Lula y varias encuestas lo colocaban en posición favorable. Pero el pasado domingo, el veterano dirigente brasileño remontó y conquistó su cuarto mandato presidencial. La aritmética de los sondeos no pudo sustituir la política de la calle.
La lección es incómoda para quienes confunden una encuesta con una escritura de propiedad sobre el electorado: liderar una medición no significa tener asegurado el liderazgo político.
Y en República Dominicana, donde supuestamente David Collado encabeza las preferencias internas del PRM, el fenómeno merece atención. La encuesta de ACD Media publicada en octubre le atribuye un 49.9 % entre los miembros del partido, frente al 24.6 % de Carolina Mejía. Entre la población general, los porcentajes reportados son 39.4 % y 18.3 %, respectivamente.
Los números describen una ventaja. No certifican una victoria futura ni explican, por sí solos, la intensidad del vínculo entre un liderazgo y sus seguidores.
Pero hay un dato todavía más revelador que debería preocupar a toda la clase política dominicana: el 59.9 % de los consultados por ACD Media asegura que no simpatiza con ningún partido político. Y el 68.9 % expresa poca o ninguna confianza en estas organizaciones.
No estamos hablando simplemente de indecisos. Estamos ante una ciudadanía que, en una proporción considerable, no encuentra en los partidos políticos una representación con la que identificarse.
A esto se suma una abstención electoral que alcanzó el 45.6 % en las elecciones generales de 2024, según el estudio del IIDH-CAPEL presentado por la Junta Central Electoral. Es decir, casi la mitad del electorado habilitado decidió no acudir a las urnas.
Mientras los partidos se disputan porcentajes, candidaturas y posiciones de poder, existe una porción enorme de dominicanos que parece estar librando otra batalla: la de su desconexión con la política tradicional.
Y esa es una señal que ningún dirigente debería ignorar. Porque el problema no es solamente quién tiene más simpatizantes, sino cuántos ciudadanos han dejado de sentirse representados por quienes aspiran a gobernarlos.
Ahí aparece el factor que las gráficas no siempre consiguen capturar: la conexión emocional. Lula no solo movilizó una estructura partidaria; su campaña consiguió reactivar la participación en las calles y las redes sociales. La política, después de todo, también es identidad, esperanza, memoria y sentido de pertenencia.
Carolina Mejía tiene una presencia política propia y una capacidad de movilización que no debería medirse exclusivamente por la distancia que la separa de su competidor en una encuesta. Pero tampoco basta con despertar simpatía o entusiasmo: convertirlos en respaldo sostenido exige organización, propuestas y capacidad para ampliar la base electoral.
Porque una cosa es que te conozcan, otra que te prefieran y una muy distinta que estén dispuestos a movilizarse por ti.
Las encuestas son fotografías; la política es una película. Y quien confunde ambas cosas termina celebrando el retrato mientras otro se lleva la taquilla.
Moraleja: las encuestas pueden señalar quién va delante hoy. No pueden garantizar quién conectará mañana. Y cuidado con los políticos que ya se sienten ganadores: a veces celebran tanto los números que se olvidan de conquistar a la gente.
En Brasil, la urna recordó que el electorado no es una hoja de cálculo. En República Dominicana, los niveles de abstención y la falta de identificación partidaria recuerdan algo todavía más preocupante: antes de disputarse quién gobernará, los partidos tienen que recuperar la confianza de una ciudadanía que cada vez parece sentirse menos representada.
Porque al final, no basta con ganar una encuesta. Hay que conseguir que la gente vuelva a creer que su voto vale la pena.
Más allá de Carolina y David: mientras los partidos discuten quién tiene más simpatizantes, más de la mitad de los dominicanos ni siquiera se siente motivada a participar en el sistema electoral, y eso, es lo que debe preocupar.