Siempre que tengo la oportunidad, les hablo a las personas con las cuales comparto labores, sin importar su nivel o rango, sobre la importancia de tener conciencia del papel que cada quien debe jugar en el desempeño del mismo, pero poniéndole atención y procurando lo que algunos han denominado el desdoblamiento entre persona y funcionario. Se trata de un ejercicio referente a la separación que puede producirse y se produce entre las decisiones que cualquier persona puede adoptar intuito propio, frente a la que por las circunstancias de la posición que ocupa puede adoptar.

Ello así porque es sabido que el comportamiento humano es complejo. Tanto que frecuentemente personas, incluyendo conocidos, se acercan a alguien que tiene o supone que posee la capacidad para decidir en un asunto que le atañe, casi siempre entendiendo que por el hecho de ser su amigo, puede o tiene que complacerlo. Eso es recurrente. Pero el punto más importante y sobre lo cual advierto a mis compañeros y amigos es en el sentido contrario. Cuando el que ocupa una función no se percata de la necesidad de practicar el desdoblamiento para poder determinar a conciencia el asunto.

Es lo que de alguna manera puede definirse como la consulta entre uno y su otro yo. Entre la persona como ser humano consultando con el que ocupa el cargo, que es uno mismo. Es una especie de diálogo o consulta íntima entre tú como funcionario y tú mismo como persona. El que llegó a la posición ayer, pero que mañana podría no estar en esa función.

La recomendación es la de sopesar bien las posibles decisiones y consecuencias como funcionario y no dejarse impulsar por los deseos del otro yo que quiere complacer al amigo. Porque cualquier decisión, sin darse cuenta, podría romper los necesarios equilibrios y derechos de igualdad que deben prevalecer, sobre todo en las funciones del Estado.

Esta situación probablemente toca a muchas personas y en cualquier actividad, privada o pública. En ese sentido, siempre será recomendable dejar espacio y tener conciencia de la importancia que significa pensar antes de tomar alguna decisión. Que cada quien pueda consultar consigo mismo.

A veces algunos no me han comprendido o se sorprenden cuando le digo a alguien que ocupa un cargo, por ejemplo de director, llamándolo por su nombre – Oye Andrés, te sugiero, si te parece prudente, que le preguntes al director, que es el mismo, sobre tal o cual decisión o asunto- Y lo hago consciente de que probablemente a Andrés podría parecerle bien, pero no necesariamente al director, aun siendo el director el mismo Andrés. O viceversa.

Porque muchas veces los que ocupan posiciones, al estar sometidos a ajetreos, ocupaciones y a presiones de quienes solo buscan resolver sus problemas personales o grupales, tienden a confundir su propio yo con el que ocupa la función. En tal sentido, siempre será aconsejable buscar la forma de provocar ese diálogo mediante el denominado desdoblamiento. Consultar contigo mismo. Sin dejarte engañar de ti mismo en tus deseos de negarle o complacerle.

Pidiéndole a Dios que te dé fuerzas y voluntad para tener la mente clara en lo que conviene. Teniendo, además, conciencia plena de que el cargo estará siempre, pero uno no siempre en él. Continuará.

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