La selección de los nuevos integrantes y del presidente de la Suprema Corte de Justicia pone fin a una larga espera. Los magistrados escogidos cuentan con trayectorias que permiten mirar con confianza el futuro de la institución. Aprovechamos la ocasión para hacernos eco de algunas aspiraciones ciudadanas ante la etapa que comienza.
La primera es preservar los avances de la gestión precedente, que, en honor a la verdad, no son pocos. Durante los últimos años, el Poder Judicial logró progresos significativos en la reducción de la mora y la digitalización de sus servicios. Además, impulsó una gestión más apoyada en información, con mayor apertura al escrutinio público y al diálogo con distintos sectores.
La segunda aspiración es dar continuidad a los planes institucionales elaborados con amplia participación de distintos sectores. El Plan Justicia del Futuro 2034 contiene una agenda ambiciosa para ampliar el acceso a los servicios y fortalecer la transparencia. Su ejecución exigirá recursos y perseverancia. Muchas de sus metas responden a necesidades todavía insatisfechas, y no hay razón para comenzar de cero.
Esperamos también un renovado impulso a la dimensión humana de la justicia. La transformación tecnológica debe acompañarse de una mayor sensibilidad hacia las necesidades de los jueces y de quienes acuden a los tribunales. Detrás de cada expediente hay personas cuyas vidas pueden permanecer en suspenso mientras esperan una decisión. Esa sensibilidad debe reflejarse en la calidad de las sentencias y en su cumplimiento efectivo. Una sentencia que reconoce un derecho, pero no consigue hacerlo valer, es una burla cruel al ciudadano.
Deseamos éxito a los magistrados escogidos. Reciben una institución que ha recorrido un trecho importante y que todavía tiene mucho camino por delante. Su mayor responsabilidad será acercar cada vez más la justicia a las personas.