Prometimos ordenar la ciudad. Diseñamos corredores con carriles exclusivos, retiramos viejas unidades y apostamos por autobuses modernos para transformar la movilidad en Santo Domingo.
El Corredor Núñez abrió el camino en 2021. En febrero de 2022 llegó el Corredor Churchill, con 47 autobuses de 90 pasajeros, 12 kilómetros de recorrido y un pasaje de RD$35 que se paga con la tarjeta SDGo, la misma del Metro.
Poco después se sumó el Corredor Charles de Gaulle. Según el Intrant, en la Churchill 285 propietarios de carros de concho pasaron a ser accionistas del nuevo sistema, y esa inclusión es una de las historias más valiosas de la transformación.
La meta era clara: un modelo eficiente, seguro y regulado. Y la ciudad ha demostrado que puede lograrlo cuando planifica. Durante los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, la OMSA y el TRAE culminaron con éxito el operativo de transporte, según informó la Presidencia de la República.
La rendija por donde entra la realidad
La vida urbana siempre encuentra rendijas. En los últimos meses, los conchos sin identificación ni rotulación oficial se dejan ver con constancia en las zonas de corredores, y los abordamos con total naturalidad cuando el tiempo aprieta, cuando la fila del autobús se alarga o cuando el bolsillo pide una alternativa inmediata.
Las autoridades también observan el fenómeno de la informalidad en el transporte. En junio de 2026, el Intrant, junto a la Digesett, la Policía Nacional y Migración, intervino 15 paradas de motoconcho en avenidas como la John F. Kennedy, la Núñez de Cáceres y la Máximo Gómez, así como en el entorno del kilómetro 9 de la autopista Duarte y la avenida Isabel Aguiar. Fueron eliminadas tres paradas y retenidas 64 motocicletas. Diputados alertaron además sobre el aumento de este tipo de paradas.
Una ciudad con más movimiento que asientos
Los números ayudan a entender por qué la prisa busca su camino. Con datos de la Oficina Nacional de Estadística, el gremio Mochotran señaló el 7 de octubre de 2026 que el país tiene 604 vehículos por cada mil habitantes y que solo 194 son para pasajeros.
El parque vehicular llegó a 6.6 millones de unidades, un aumento de 37.14% en cinco años. Mochotran, que opera los corredores Churchill y Charles de Gaulle, propone licitar nuevos corredores, fortalecer las rutas alimentadoras y que los choferes de conchos irregulares se integren a autobuses bajo contratos regulados por el Intrant. También plantea una pensión justa para los choferes mayores de 65 años.
Esa propuesta nos recuerda algo importante: detrás de cada concho hay una persona que busca ingresos, y detrás de cada pasajero hay alguien que quiere llegar a tiempo a su trabajo, su clase o su casa.
El espejo latinoamericano
La informalidad es una realidad que conocemos bien. Según la Encuesta Nacional Continua de Fuerza de Trabajo del Banco Central, alrededor de la mitad de la población ocupada dominicana trabaja en la informalidad (49.6% en abril de 2026). Y de los 118,631 nuevos ocupados del primer trimestre de 2026, el 82.7% se ubicó en el sector informal, de acuerdo con datos divulgados por el Banco Central. En México, la tasa de informalidad laboral fue de 55.4% en el tercer trimestre de 2025.
El economista peruano Hernando de Soto lo explicó en El otro sendero (1986), tras estudiar Lima: la informalidad surge como una respuesta creativa de las personas cuando los sistemas formales no llegan a todos. Esa capacidad de inventar soluciones es parte de nuestra identidad. Aparece en las combis limeñas, los peseros mexicanos, los mototaxis colombianos y los conchos dominicanos.
Queremos instituciones de primer nivel y conservamos reflejos de supervivencia urbana. Ambos hablan de una ciudadanía ingeniosa que merece un sistema a su altura.
Una visión que suma
Enrique Peñalosa, exalcalde de Bogotá y defensor del transporte masivo, ha planteado que una ciudad avanzada es aquella donde incluso las personas de mayores ingresos usan el transporte público. Esa meta cabe en Santo Domingo cuando el sistema da seguridad, frecuencia y comodidad.
El camino puede construirse con piezas concretas. Más autobuses en las horas de mayor demanda y rutas alimentadoras que conecten los barrios con los corredores. Integración de tarifas con la tarjeta SDGo entre corredores, Metro y Teleférico. Información en tiempo real sobre horarios y llegadas. Y una transición laboral que incluya a los choferes como socios y trabajadores del sistema formal, tal como ocurrió en la Churchill.
La ciudadanía suma desde su lugar. Elegir el transporte autorizado protege nuestra seguridad, porque un vehículo sin identificación puede carecer del control y la cobertura de seguro que ofrece un servicio regulado bajo la Ley 63-17 de Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial. Y exigir mejores servicios con propuestas claras, tal como planteamos en esta columna, fortalece la conversación pública.
La pregunta que nos mueve
El concho informal en pleno corredor refleja una sociedad que negocia a diario entre lo que debe ser y lo que le resuelve. Esa negociación puede convertirse en diseño: un sistema que escuche la urgencia de la calle y la convierta en servicio.
¿Qué necesitaría un corredor para que lo elijas todos los días sin pensarlo?