Toda institución refleja la calidad humana de quienes la integran. Por ello, la verdadera reforma de la Policía Nacional no comienza con nuevos uniformes, vehículos o leyes, sino con una selección rigurosa de sus integrantes y una formación permanente que cultive tanto el conocimiento como el carácter.
Es obvio que una sociedad democrática necesita una policía que sirva al bien común, no a intereses particulares ni al clientelismo político. Su misión ética consiste en proteger la vida, garantizar la paz y preservar la dignidad de cada ciudadano, sin distinción. Conviene recordar que la autoridad solo adquiere legitimidad cuando nace del servicio, la justicia y el respeto a la persona.
La filosofía de una policía moderna debe orientarse más hacia la prevención que hacia la represión.
Por ello, es indispensable invertir en educación, cultura de paz, respeto a la ley y convivencia ciudadana. Estas acciones siempre producirán mejores resultados que intervenir únicamente cuando el delito ya se ha consumado. Reformar la institución exige también transformar la cultura social que la rodea. Como dominicanos, necesitamos un liderazgo capaz de reconstruir esa cultura mediante nuevos paradigmas. Sin embargo, para lograrlo se requiere intencionalidad, voluntad de cambio y la decisión de romper con los esquemas tradicionales que han transitado durante años por los rieles de la corrupción.
Los dominicanos formamos parte de una cultura cercana, amistosa y profundamente relacional, pero eso no basta para construir un sistema policial confiable y eficaz. Se requiere una selección científica y profesional de los aspirantes, que valore la integridad moral, el equilibrio emocional, la vocación de servicio y la capacidad intelectual.
Posteriormente, la capacitación debe ser permanente y evolutiva, fortaleciendo el conocimiento del sistema de justicia penal, los derechos humanos, la mediación de conflictos y el uso proporcional de la fuerza.
El policía dominicano que comprende la ley inspira más respeto que quien solo ejerce autoridad. Su conocimiento genera confianza, fortalece la legitimidad del Estado y dignifica el ejercicio de la función pública. Del mismo modo, debe recibir entrenamiento continuo para actuar con prudencia, firmeza y autocontrol, utilizando la fuerza únicamente cuando sea estrictamente necesario para proteger la vida.
Hay que reconocer que nosotros no estamos huérfanos en la parte científica y formativa, porque en la República Dominicana contamos con oficiales de amplia trayectoria y reconocida experiencia que pueden aportar significativamente a este proceso de transformación; figuras como el general retirado Damián Arias Matos, el general Juan Gerónimo Brown Pérez y el mayor general Juan Tomás Taveras Rodríguez, junto con muchos otros profesionales de la institución, representan un valioso capital de conocimientos que merece ser aprovechado en la formación de las nuevas generaciones de policías.
Cuando una nación forma policías mejor preparados, más prudentes y plenamente conscientes de la dignidad humana, no solo fortalece una institución, fortalece el Estado de derecho y siembra las bases de una paz duradera.