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Para cualquier madre o padre que trabaja, el fin del año escolar no es sinónimo de descanso, es el inicio de una compleja y a veces angustiante ingeniería logística. Los campamentos de verano no son un capricho ni un lujo; son una necesidad estructural para que las familias podamos seguir desarrollándonos profesionalmente mientras nuestros hijos permanecen en espacios seguros, activos y productivos.