
EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO.- Ha pasado un año en el que las escenas de la tragedia del Jet Set no dan tregua a la memoria y reviven el desplome del establecimiento a cada instante; 365 días con el dolor intacto y la certeza de que se pudo evitar. Así narraron lo ocurrido los sobrevivientes de aquella noche y aseguran hoy hablan por quienes fallecieron.
«Mi esposo murió. No he dejado de hablar de ese tema y es una historia que nunca va a terminar, estará en el recuerdo. El día del encendido de velas se me rompió el alma, viendo tantas madres que perdieron a sus hijos y tantos niños huérfanos. Eso se pudo haber evitado: el techo estaba llorando, gritando que lo arreglaran», dijo Marisol Chala, quien se encontraba en la fiesta junto a su esposo el día del hecho.

Marisol señaló que la justicia ha sido lenta y criticó que las partes imputadas, Antonio y Maribel Espaillat, solicitaran un nuevo peritaje.

«Seguiremos en pie de lucha. Mi esposo y yo duramos casi una hora, a mí me sacaron primero. Siempre le doy las gracias a Dios porque fue él quien me sacó de ahí, porque no había un lugar donde una persona pudiera quedar viva. Solo había vigas, bloques, columnas, aires y un tanque de agua», dijo.
De manera similar, el doctor Amaury Batista Peña, quien también sobrevivió al desplome que cobró la vida de más de 200 personas, contó que los primeros días fueron emocionalmente difíciles, en los que no podía ni siquiera escuchar la música de Rubby Pérez, merenguero que cantaba durante la fiesta.

«Duré semanas sin dormir, llorando, escuchaba una canción de Rubby y lloraba. Era mi artista favorito. Tuve dos amigos cercanos que fallecieron, vi personas con la espalda rota; y para mí, como médico, fue difícil porque no había la debida organización», concluyó.



Dichas declaraciones surgieron durante la misa por el primer aniversario de la tragedia, donde decenas de parientes se congregaron en la zona cero, en memoria de los fallecidos y en clamor de justicia.
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