
EL NUEVO DIARIO, SANTIAGO.– El embarazo en la adolescencia continúa siendo una problemática que afecta la salud, la educación y el entorno social de las jóvenes, especialmente en comunidades vulnerables. En Santiago, especialistas y organizaciones sociales destacan la importancia de fortalecer la educación sexual, el acceso a servicios de salud y el acompañamiento familiar e institucional.
El doctor Frank Espino, director general del Hospital Docente Semma Santiago, señala que entre los principales factores relacionados con el embarazo en adolescentes se encuentran la pobreza, la desintegración familiar, las deficiencias educativas, la influencia de amigos y compañeros y el consumo de drogas. Asimismo, advierte que las adolescentes embarazadas pueden enfrentar mayores riesgos de complicaciones durante el embarazo y el parto, entre ellas el parto prematuro, la preeclampsia, el aborto y una mayor probabilidad de mortalidad materna.
En el ámbito educativo, una de las principales consecuencias es el abandono de los estudios debido a las responsabilidades asociadas con la maternidad. Esta situación puede limitar las oportunidades futuras de las jóvenes y aumentar su vulnerabilidad social.
Las cifras en Santiago
Según los datos suministrados por la Oficina Nacional de Estadística (ONE), Santiago registra una proporción de alrededor del 26 % de embarazos adolescentes. En la red pública se registraron 1,961 embarazos de adolescentes entre 10 y 19 años atendidos en el área de parto, mientras que los partos de madres adolescentes representaron el 21.14 %. Estas cifras corresponden al ámbito de atención de la red pública y no representan necesariamente el total de embarazos de adolescentes en el país.
Educación y apoyo como prevención
La directora ejecutiva del Núcleo de Apoyo a la Mujer (NAM), Manuela Vargas, plantea que la prevención debe comenzar desde las escuelas mediante una educación sexual integral que permita a los adolescentes conocer los métodos anticonceptivos, la responsabilidad y el respeto.
Vargas también destaca que el embarazo no debe significar el abandono definitivo de los estudios. Con apoyo familiar, escolar e institucional, las adolescentes pueden continuar su educación. Para ello, considera necesario garantizar servicios de salud, orientación psicológica y social, programas de apoyo y protección frente a la discriminación.
La especialista también señala que la responsabilidad ante un embarazo debe involucrar tanto a la adolescente como al varón, evitando que las consecuencias recaigan únicamente sobre la joven.
El desafío en Santiago no consiste solo en reducir los embarazos adolescentes, sino también en garantizar que las jóvenes que atraviesan esta situación puedan recibir atención, continuar sus estudios y mantener sus proyectos de vida.
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