El gobierno dominicano, presidido por Luis Abinader, ha actuado con mucha inteligencia, madurez y sabiduría frente al nuevo escenario que presenta la crisis haitiana, con la decisión del presidente de El Salvador, Nayib Bukele, de enviar 2,000 soldados al rescate de cuatro técnicos salvadoreños capturados por las pandillas que operan al otro lado de la frontera.

Lo primero es que el gobierno dominicano no se ha dejado provocar, ni chantajear por quienes desean un involucramiento directo del país en ese conflicto.

Lo que ha hecho hasta ahora la República Dominicana es clamar en todos los escenarios internacionales, incluido las Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad, por ayuda para que el vecino país supere su crisis y no haya peligro en ambas naciones.

Y como parte de la ONU su único papel ha sido dar apoyo logístico a la Fuerza de Supresión de Pandillas dispuesta por el alto organismo, porque así se le ha solicitado.

Nunca intervenir, ni enviar tropas al territorio haitiano, porque el día que lo haga ese conflicto cambia de escenario y en vez de problema de pandillas con el Estado haitiano, pasaría a ser un problema nacionalista y patriótico contra la República Dominicana.

Hay que poner las cosas en su sitio. Lo que ha hecho Nayib Bukele en Haití es comprensible desde la lógica de un Estado que protege a los suyos, pero no es replicable para la República Dominicana y conviene no confundir aplausos en redes con política de Estado.

El Salvador desplegó más de 2.000 soldados en Haití para rescatar a cuatro técnicos de aviación desaparecidos tras una emboscada el 18 de octubre en Croix-des-Bouquets, en la periferia de Puerto Príncipe.

El Salvador, un pequeño país Centroamérica, tiene tropas en Haití como parte de las Fuerzas de Supresión de Pandillas autorizadas por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Es decir, hay tropas salvadoreñas en Haití, las cuales han sido aumentadas con 2,000 miembros más, en procura de rescatar a los cuatro técnicos.

Hay que suponer que Bukele obtuvo la autorización de la ONU y de las frágiles autoridades haitianas para desplegar en su territorio ese contingente militar, pues ninguna nación soberana lo permitiría aunque fuera para ayudarla.

El mismo presidente de El Salvador ha tenido que aclarar que no se trata de una invasión.

“Esto no es una operación contra el pueblo haitiano, ni una invasión al país de Haití”.

Puede hacerlo porque ya tenía botas en el terreno, quien no puede hacerlo es la República Dominicana, bajo ningún pretexto.

Primero, porque no forma parte del contingente de la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF), autorizada por el Consejo de Seguridad de la ONU el 30 de septiembre de 2025.

Segundo, hay sectores en Haití esperando que un solo militar dominicano penetre su territorio para justificar acciones de todo tipo contra el país.

Hasta ahora, República Dominicana, con el presidente Luis Abinader a la cabeza, ha actuado con mesura, comedimiento, y reclamando en todos los foros internacionales acciones que ayuden a solucionar la crisis en el vecino país. Para ello, el mandatario dominicano ha pedido el involucramiento de todo el mundo.

El papel dominicano se ha limitado a proteger su frontera, a un costo elevadísimo, en el cual las Fuerzas Armadas han jugado un papel protagónico, y a dar apoyo logístico a las fuerzas autorizadas por la ONU, a requerimiento de ese organismo.

Lo que haga el presidente Bukele en nada involucra ni debe involucrar a República Dominicana, cuyas autoridades saben muy bien cuál es su papel en el conflicto.

Bukele actúa, rescata -si puede- y se va. Si el gobierno dominicano se involucra se queda con el problema en la frontera y más allá. Eso no conviene en estos momentos ni en el futuro.

Este es el punto que muchos comentaristas de sofá, sobre todo extranjeros, desconocen y hasta agitan.

Hace muy bien el presidente Abinader en no hacer caso a las provocaciones de quienes desean un enfrentamiento entre República Dominicana y Haití.

República Dominicana tiene un gobierno democrático, respetuoso del derecho internacional, con una frontera terrestre viva y con una comunidad internacional que mira con lupa cada vez que se mueve un soldado y así también muchísimas organizaciones de la Sociedad Civil que anhelan esa incursión dominicana.

No es el caso de El Salvador que puede usar el argumento del rescate porque tiene una misión de combate allá. Lo que sí el país hace, y bien, es lo que le toca como Estado responsable: colaborar con todas las fuerzas que están en Haití como parte de una misión internacional. En ese sentido la política ha sido clara: seguridad en la frontera, apoyo logístico, diplomacia activa y presión en todos los foros para que la comunidad internacional asuma su responsabilidad.

Y aquí es donde necesitamos un mensaje unificado: dominicanos todos a una apoyando la posición del gobierno, que es la posición del país. No es momento de divisiones internas ni de prestarse al juego de quienes quieren ver a los dominicanos como agresores. La posición oficial ha sido prudente, firme y legal.

Las propias autoridades actuales de Haití acaban de mostrar el refajo llamando al embajador dominicano a consulta ante un rumor de supuesta incursión de militares dominicanos en su territorio. ¿De dónde sacan que militares dominicanos penetraron su territorio? Es una acusación grave, sin una sola prueba, que busca desviar la atención del verdadero drama: el Estado haitiano no controla ni su capital, y su Consejo Electoral acaba de aplazar otra vez las elecciones hasta julio de 2027 por la violencia de las pandillas.

El reconocimiento a Roberto Álvarez

El presidente Luis Abinader condecoró esta semana al excanciller Roberto Álvarez con la Orden del Mérito de Duarte, Sánchez y Mella, por sus aportes al servicio exterior desde agosto de 2020 hasta agosto de 2026.

Y Álvarez, lejos de quedarse en el protocolo, hizo lo que mejor sabe hacer: advertir. Alertó sobre el deterioro de la seguridad en Haití y reclamó que se acelere el despliegue de la Fuerza de Supresión de Pandillas, recordando que compareció 15 veces ante el Consejo de Seguridad de la ONU para reclamar una respuesta internacional efectiva. Advirtió, además, que la prolongación de la violencia provocaría desplazamientos masivos con consecuencias directas para República Dominicana.

Tenía razón entonces y tiene razón ahora. Lo que Álvarez sembró durante seis años es la doctrina que hoy nos sostiene de no intervención unilateral, pero tampoco indiferencia. Internacionalización del problema, defensa férrea de la soberanía y preparación para lo peor.

Bukele puede darse el lujo de la espectacularidad, los dominicanos el lujo de la responsabilidad. Porque cuando los aviones salvadoreños regresen a El Salvador, el caos seguirá en Puerto Príncipe y la frontera seguirá en Dajabón.

POR DANIEL GARCÍA ARCHIBALD

La entrada Ante giro de la crisis haitiana Gobierno de RD actúa con inteligencia y madurez se publicó primero en El Nuevo Diario (República Dominicana).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You May Also Like

Director Ejecutivo del Conape coordina con autoridades locales construcción de hogares de día – El Nuevo Diario (República Dominicana)

Dr. Demetrio entrega la Ley 352-98 a las autoridades de la provincia.…

Aplazan medida de coerción contra mujer acusada de agredir agentes de la Digesett en Santiago

EL NUEVO DIARIO, SANTIAGO. – Fue aplazada para el próximo miércoles la…

Imponen 15 años de prisión a conductor que mató motociclista en San Luis

Santo Domingo.- El Segundo Tribunal Colegiado de Santo Domingo Este impuso 15…

Policía busca a tres sospechosos de atacar una patrulla en carretera Higüey-Yuma

SANTO DOMINGO.– Tres hombres son perseguidos por la Policía Nacional tras ser…