La victoria de Lula en Brasil cuestiona las expectativas instaladas por los medios y sectores de poder. Aunque las derechas han avanzado en América Latina, los movimientos de izquierda conservan respaldos significativos y demuestran que las preferencias electorales pueden desafiar los pronósticos presentados como inevitables.

La victoria de Lula en Brasil pone en contexto las narrativas electorales y todo un tinglado orientado a inducir simpatías estructuradas alrededor del hecho cumplido. Los poderes establecidos disponen de recursos para construir la percepción de un resultado inevitable, aun por encima de las preferencias reales del elector. Hoy, el espacio mediático y digital representa la avenida por excelencia para sostener al privilegiado de turno y garante de los intereses del statu quo.

Sin embargo, en la región latinoamericana, los últimos resultados desmontan mitos significativos. Brasil y México, los dos países de mayor población, ratificaron su respaldo a proyectos contradictorios con el innegable proceso de triunfos asociados a propuestas políticas de corte conversadora.

El ascenso de Donald Trump produjo un reordenamiento de la realidad política de toda la región. Y las expectativas de las derechas encontraron terreno favorable en el desgaste de proyectos izquierdistas que sostuvieron sus éxitos electorales haciendo un abusivo uso del aparato gubernamental. Las dificultades económicas y el agotamiento de las políticas públicas populistas terminaron deteriorando las condiciones de vida de amplios sectores de la población. Y la gente reaccionó votándole en contra.

Ahora bien, esos modelos tienden a establecer una base de simpatías en la sociedad, profundamente penetradas por un asistencialismo capaz de hacerse electoralmente fuerte. De ahí su capacidad de retornar al poder y/o preservar un respaldo de especial significación. El kichnerismo no ha podido ser borrado, el encarcelamiento de Lula no desarticuló a los seguidores del PT, López Obrador garantizó la continuidad de su partido e, incluso en España, las acusaciones en materia de corrupción no permiten descartar al PSOE de cara al próximo 29 de noviembre.

La preservación de simpatías en los casos descritos no retrata necesariamente a un votante ideologizado. También expresa una natural reacción ante políticas económicas que, al ajustar las finanzas, empobrecen a los ciudadanos. Esa reacción explica los retornos al poder y la resistencia de fuerzas que muchos daban por agotadas. Al final, tanto las remontadas como la desobediencia al esquema de las encuestas manipuladas expresan un interés de la gente de no dejarse engañar.

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