En una semana para su olvido, la atribulada fracción mayoritaria en la alta dirección el PLD ha pospuesto, sin fecha fija, el proceso eleccionario para escoger el candidato presidencial para las elecciones del 2028 de esa organización y que debía realizarse a finales de este mes. Por consiguiente, nuevamente la escogencia de su candidato presidencial sitúa esa colectividad al borde del fraccionamiento. Esta vez decisivamente mortal, situándose en la picota, al tiempo de mandar un mensaje a la clase política y al sistema de partidos.
La forma y contenidos de los argumentos del aspirante presidencial para defender su posición constituyen una demostración lastimosa de la incapacidad de la generalidad de los partidos para elegir democráticamente sus candidatos a los puestos públicos y de nuestro déficit de calidad de la participación y representación de la militancia y de la ciudadanía en las instituciones del Estado. Por tercera vez consecutiva, Danilo Medina es acusado de querer imponer su candidato a la presidencia. El saldo de la primera fue la división y el surgimiento del que hoy es el segundo partido del sistema, natural receptor del grueso de la fracción que eventualmente abandone el PLD. Esta posible división podría ser el final de su carrera política, llevándose con él a su partido.
Por el momento, no se avizora una recomposición de la unidad interna de esa colectividad. Independientemente de cómo termine esta crisis por, el contenido y forma en que hasta ahora ha discurrido, sus disminuidas posibilidades electorales salen más debilitadas y, por tanto, fortalecida la tendencia que en su seno pugna por un acuerdo con FP. Es por el temor a esto el empecinamiento en cerrarle el paso, por lo cual un arreglo para superar la presente crisis es prácticamente imposible.
Es la circunstancia que determinaría que un 61% de dominicanos se decantaría por una dictadura que cree le resolvería sus problemas, en lugar de una democracia que entiende no lo hace. Que, junto a Venezuela, seamos el país que más apoya la administración de Trump, la cual es ampliamente rechazada en su propio país, según la referida encuesta. El fraude que en su contra dice el dirigente del PLD, orquesta una fracción de su partido, no es cosa nueva en la política dominicana. La obstrucción a través de diversas formas, incluida la violencia física y de todo tipo contra un candidato por una fracción adversa es vieja en nuestra cultura política. Recordemos la sufrida por Peña Gómez hace 40 años.
Es el cáncer que corroe la sociedad política dominicana y uno de los principales factores por lo que, 65 años después del ajusticiamiento de un sangriento dictador, un 61% de la población dominicana diga preferir una dictadura que le “resuelva”. Ser indiferente ante una cuestión de ese calado constituye un suicidio político. Tenemos serios indicadores de que podemos caer en un abismo del que no saldrán ni víctimas ni victimarios. Una sociedad no puede ser sana si las luchas al interior de los partidos y entre ellos discurren en medio de chanchullos. Todos están en la picota y contra eso debemos reaccionar. Los de adentro como los de fuera.