O se entregan o se buscan, dijo el lunes el presidente Luis Abinader para luego advertir a los presuntos delincuentes con órdenes de arresto que la orden que ha dado es que se les vaya a buscar. Sus palabras, cual presagio, nos llevaron a recordar aquella expresión de Nayib Bukele el 26 de abril de 2020: “El uso de la fuerza letal está autorizado para defensa propia o para la defensa de la vida de los salvadoreños”.
Aquí, menos francos, tenemos los “intercambios de disparos” para justificar esa fuerza letal. Celebrados por quienes entienden que matar garantiza la seguridad, este estilo es el más usado para amedrentar, pero nunca da resultado: sin educación y oportunidades para todos, la desigualdad seguirá creando brechas que motiven a algunos a irse por el camino errado.
Seguir el ejemplo de El Salvador para reducir el crimen es ignorar que la violencia trae más violencia y que los excesos siempre cobran vidas de inocentes.
Salir a matar no puede ser la opción, aunque es la de los que sueñan con un Singapur, donde la pena de muerte y los castigos corporales buscan disuadir. ¿Por qué no pensar en Japón y Corea del Sur, donde el desarrollo económico y una Policía funcional son motores de la seguridad? Apostemos a reeducar y reinsertar.