Por cada 10 hombres, 18 mujeres se gradúan de las universidades dominicanas. Por si fuera poco, la RD escaló 21 posiciones en el informe global sobre la brecha de género del Foro Económico Mundial 2025. La tasa de graduación femenina en RD es la más alta de América Latina: 66%.
Pese a estos avances incuestionables, aún persisten desafíos en materia de igualdad. Como el hecho de que aproximadamente la mitad de las mujeres no participa en el mercado laboral, por tener que cuidar a niños y envejecientes.
Como la brecha de remuneración entre hombres y mujeres, de 30% en los empleos poco calificados y de 10% en los más calificados.
Como la necesidad de que las mujeres tengan la mayor participación económica y el poder político que debieran corresponderse con sus mayores tasas de graduación universitaria.
Como el hecho de que apenas 7% de las mujeres cursan carreras en ciencias, tecnologías, ingeniería o matemáticas (STEM), frente al 20% de los hombres.
Como la persistencia de barreras al acceso a las redes de información en las zonas rurales, lo cual también afecta a las mujeres.
Según la OIT, la inteligencia artificial se está implementando en mercados laborales que no son neutrales: 29% del empleo total, frente al 35% de los empleos femeninos están en riesgo, en comercio, educación, salud, servicios administrativos, intermediación financiera, centros de llamadas, zonas francas y microempresas.
Los centros de llamadas, en particular, generan unos 50 mil empleos directos e indirectos que están siendo automatizados por algoritmos de inteligencia artificial.
Paradójicamente, el trabajo predominantemente femenino que está menos expuesto a la inteligencia artificial es el trabajo doméstico, que es también el más precario. Unas 225 mil mujeres prestan este servicio en la RD.
El principal obstáculo estructural para la participación económica de las mujeres es la carga del cuidado no remunerado, y el país ya tiene una red de estancias infantiles para abordarlo gradualmente.
Si coordináramos los servicios de cuidado y facilitáramos el trabajo flexible o remoto con herramientas digitales, se podría fortalecer un segmento que tiene el mayor potencial de resistencia al impacto de la inteligencia artificial.
Si se formalizaran y si además gozaran de protección social, estos empleos considerados “seguros” frente a la inteligencia artificial serían empleos dignos en lugar de meros trabajos de supervivencia.
Si optáramos por reentrenarlos en vez de reemplazarlos, los demás empleos en riesgo podrían asumir roles potenciados por la inteligencia artificial, tales como asistencia técnica, moderación de contenidos, supervisión y garantía de calidad del servicio, y servicios externos a los negocios de mayor valor agregado en salud o turismo médico, sectores en los que el país ya está creciendo.
Si bien 65% de los dominicanos con formación técnico-profesional son mujeres, a nivel mundial las mujeres representan solo alrededor del 30% de la fuerza laboral en inteligencia artificial y menos del 10% en ingeniería de software.
Canalizar ese potencial femenino hacia áreas como datos, inteligencia artificial, ciberseguridad y software es la forma más directa de convertir el riesgo en oportunidad.
El Ministerio de la Mujer, junto con Indotel, Cipaf y el Ministerio de Educación, ha llevado a cabo programas directos de alfabetización en inteligencia artificial para niñas centrados explícitamente en cerrar la brecha digital de género y animarlas a incursionar en las disciplinas STEM.
También la OGTIC envía niñas dominicanas al Centro Espacial de la NASA en Houston, y así contar con futuras líderes femeninas en tecnología.
Reentrenar en vez de reemplazar fue lo que pocos países hicieron cuando la marea de la globalización eliminó tantos empleos, trayendo desesperanza y populismo político.
Aprendamos la lección, para que la inteligencia artificial contribuya a dignificar aún más la condición de la mujer dominicana, generando más y mejores empleos que los que desplazará.
(El autor es doctor en Economía y embajador de carrera. Coordina la Comisión Presidencial para la OCDE. Escribe a título personal).