Lency Alcántara

El luto y la consternación se adueñaron de la escena artística y de la sociedad dominicana tras conocerse los estremecedores detalles del expediente instrumentado por el Ministerio Público en torno al asesinato de Zeneida Socorro Castillo, de 60 años, y a la agresión casi mortal contra su esposo, el popular merenguero Gilberto Julián Sarante Perdomo, mejor conocido como Julián Oro Duro. El hecho, ocurrido en la residencia de la pareja ubicada en el sector Brisa Oriental, ha dejado al descubierto un nivel de frialdad y planificación criminal que rompe con los esquemas habituales de la delincuencia común.

La llave de la confianza: El ingreso silencioso

Más de seis horas con el cadáver de la esposa de Julián Oro Duro: la brutal razón

Lejos de tratarse de un asalto improvisado o fortuito bajo el amparo de la oscuridad nocturna, las investigaciones preliminares y los elementos recolectados por los fiscales apuntan a una estructura criminal premeditada con semanas de antelación.

El factor determinante para burlar la seguridad perimetral de la vivienda no fue la violencia inicial, sino el acceso facilitado por la cercanía. Uno de los implicados en la red criminal había realizado previamente labores de refrigeración y trabajos de construcción vinculados al entorno del artista, lo que generó un canal de familiaridad.

Aprovechando esta fachada de confianza, los antisociales —identificados como Phillips Michael Tejeda Vásquez, Juan Carlos Hernández García, Kevin Dariel Germán Troncoso y Lawrence Mark Liranzo Marcos— lograron ingresar a la propiedad de manera sigilosa cuando aún brillaban las primeras horas de la tarde. En un giro de profunda ironía trágica, doña Zeneida Socorro Castillo recibió a los visitantes de forma hospitalaria, e incluso les ofreció alimentos y café, ignorando por completo que estaba abriendo las puertas a quienes habrían de arrebatarle la vida horas más tarde.

Seis horas de convivencia con el horror

Quizás el componente más perturbador y escalofriante expuesto en el proceso judicial es la dimensión temporal del crimen. De acuerdo con las indagatorias, los agresores permanecieron confinados dentro del hogar durante más de seis horas continuas.

En ese prolongado lapso, los individuos compartieron el mismo techo con la escena del crimen consumada y el cuerpo sin vida de la señora Castillo, quien falleció a consecuencia de un severo trauma craneofacial y una herida corto-penirante en la región lateral izquierda del cuello. Los implicados esperaron deliberadamente el regreso del intérprete de merengue, quien arribó a la residencia pasada la 1:00 de la madrugada del lunes.

Al cruzar la puerta, Julián Oro Duro fue interceptado y brutalmente atacado a golpes. El artista sufrió múltiples fracturas craneofaciales y una hemorragia intracraneal que lo dejó al borde de la muerte, requiriendo una intervención quirúrgica de urgencia y su posterior internamiento en el área de cuidados médicos del Hospital General Plaza de la Salud.

Un botín millonario y la ruta de la evidencia

Consumada la agresión física contra la pareja, los malhechores procedieron a desvalijar el inmueble. El botín sustraído incluyó sumas estimadas en cerca de 19,900 dólares estadounidenses y 78,000 pesos dominicanos en efectivo, además de relojes de alta gama, cadenas, medallas de oro y dispositivos móviles.

Los operativos de allanamiento ejecutados por las autoridades permitieron rastrear parte de los recursos económicos y las joyas ocultas en poder de los vinculados, así como incautar la motocicleta CG200 de color negro utilizada en la logística del desplazamiento criminal. La recolección de pruebas materiales, sumada a los análisis de cámaras de seguridad del sector y los dictámenes periciales del INACIF, conforma un sólido andamiaje probatorio.

Clasificación jurídica y exigencia de justicia

Ante la gravedad de los hechos, el Ministerio Público ha presentado una calificación jurídica severa contra los imputados, tipificando los delitos como homicidio voluntario agravado, tortura o actos de barbarie, asociación de malhechores y robo agravado en perjuicio de Zeneida Socorro Castillo, así como tentativa de asesinato y robo agravado en contra de Julián Oro Duro.

El caso ha generado un profundo rechazo en la opinión pública y un llamado enérgico de las autoridades para que todo el peso de la ley caiga sobre los responsables de este asalto que enluta a una familia dominicana y deja una vez más al desnudo los riesgos de la vulneración de la confianza doméstica. El proceso continúa su curso procesal bajo estrictas medidas de rigor judicial, a la espera de que los tribunales definan las sanciones definitivas para los implicados.

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