Decidí escribir este artículo porque reputados urbanistas me informaron que certeras encuestadoras habían detectado, con muestreos científicos, que buena parte de los dominicanos considera que el indiscutible símbolo identitario dominicano es el malecón de Santo Domingo.

Consecuentemente procede reseñar informaciones descriptivas sobre ese icónico lugar. La historia del malecón se remonta a 1924, cuando el ingeniero Arístides García Mella tuvo la idea de construir un paseo o avenida a lo largo de la costa del mar Caribe de Santo Domingo. Según se comenta, García Mella dibujó en un mapa de la capital dos líneas paralelas punteadas desde la prolongación de la calle Pina. Sin embargo, fue finalizando 1931 cuando la Junta de Ornato de Santo Domingo, nombrada por Trujillo, dispuso iniciar los trabajos, momento en que el ingeniero Ramón -Moncito- Báez López Penha diseñó el trazado definitivo de lo que sería la Avenida George Washington también encargándose de construir la misma, concluida en 1934, inaugurada cierto tiempo después. Volviendo al origen, señalo que la construcción comenzó con bueyes, machetes, hachas y 20 presos con sus custodios. Hasta aquí he compilado informaciones captadas digitalmente, distinto de las siguientes: En 1963 el ingeniero Báez me impartía varias materias en la UASD y tuve el honor y privilegio de que me explicara personalmente el proceso de construcción del malecón: el primer problema que encontró fue que en toda la costa había casuchas improvisadas y sus habitantes bloqueaban los trabajos porque cotidianamente desde temprano en la mañana sentados descamisados jugaban dominó placenteramente. Para superar ese obstáculo los militares custodios de los presos que trabajaban construyendo la vía hablaron firmemente con los obstaculizadores, diciéndoles que no siguieran impidiendo los trabajos y que, de lo contrario, destruirían sus casuchas. Afortunadamente ellos entraron en razón, dejaron de jugar dominó y bloquear los trabajos.

Inmediatamente los trabajos pudieron continuar sin trabas y culminaron con éxito durante el 1934 y, exactamente el 23 de febrero del 1936, se inauguró oficialmente la avenida coincidiendo ese día con el natalicio de George Washington, primer presidente estadounidense. Resalto que, en adición a su primigenia participación en el diseño y construcción del malecón, Moncito también hizo otros aportes trascendentales al urbanismo de Santo Domingo, como el trazado de importantes arterias orientadas Norte- Sur como las avenidas Winston Churchill y Abraham Lincoln. Realmente sin estas vías, Santo Domingo sería virtualmente inhabitable. Todos esos valiosos aportes son mínimos en términos relativos comparados con el impacto del libro escrito por Moncito Báez titulado: ¿Por qué Santo Domingo es así? Inigualable documento como fuente de información acerca del desarrollo urbanístico de Santo Domingo. Además, académicamente, en 1938, Moncito participó en la creación de la Facultad de Ingeniería y Arquitectura siendo decano de la misma por varios períodos. En esas funciones fue admirado y respetado por todos: alumnos, profesores y personal administrativo hasta que en 1963 un innombrable comunista poseedor, como única credencial, haber visitado China para retratarse con Mao. Ya estando radicado permanentemente en nuestro país, él acudió a un liceo secundario capitaleño caracterizado por tener alumnos revoltosos políticamente, reclutando allí una centena de ellos, los apandilló para conducirlos a la UASD hasta un aula en donde coincidencialmente Moncito impartía clases de Topografía, siendo yo parte del alumnado. El cabecilla material de la pandilla muy fornido, entró por sorpresa al aula diciendo, agresiva y amenazantemente: ¿Quién es Moncito? Recibió la rápida y valiente respuesta: ¡Aquí está Moncito! En medio del desorden todos nos movimos al pasillo fuera del aula e impedimos que la pandilla golpeara a Moncito. Esa conjura, burda anticipación local de la destructora revolución cultural Maoísta fue un rotundo fracaso para quienes la urdieron, siendo un boomerang para ellos, pues casi inmediatamente, desagraviándolo, Moncito fue electo rector de la UASD reconociendo sus virtudes ciudadanas, sus méritos académicos y profesionales, que deberían servir de ejemplo a toda la sociedad.

Frecuentemente imagino que si en nuestra democracia Moncito hubiese sido candidato presidencial triunfaría arrolladoramente en las elecciones para ocupar el puesto que antes correspondió a su abuelo, el presidente Báez. La sociedad, por entero, valora encomiásticamente todos sus méritos y es tan bien reconocido nacionalmente que para identificarlo basta con decir su nombre sin necesidad de pronunciar sus ilustres apellidos. Ojalá que toda nuestra juventud decidiera tomar la fecunda existencia de Moncito como guía de sus vidas.

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