
Por Pedro Pablo Cortés
MIAMI (EE.UU.). – La decisión del exministro venezolano Alex Saab, señalado como presunto testaferro del depuesto presidente Nicolás Maduro, de declararse culpable este martes de lavado de dinero en EE.UU. y alcanzar un acuerdo de cooperación con la Fiscalía abre interrogantes sobre el posible impacto de su testimonio en el caso contra el exgobernante, aunque el acuerdo no lo menciona.
Estas son las claves del acuerdo de Saab, exministro de Industria y Producción Nacional de Venezuela (2024-2026), con el Departamento de Justicia (DOJ, en inglés) de Estados Unidos, que no nombra a Maduro, recluido en Nueva York acusado de narcotráfico, pero sí a «altos funcionarios del Gobierno venezolano» en 2015, cuando era presidente del país suramericano.
La declaratoria de culpabilidad
El empresario de 54 años, nacido en Colombia, se declaró culpable del cargo de conspiración para lavado de dinero en la corte federal del Distrito Sur de Florida, donde primero se había presentado como «no culpable» el 24 de julio tras haber sido deportado el 16 de mayo desde Venezuela por el gobierno interino de Delcy Rodríguez.
En su declaratoria, Saab reconoció que en 2015, cuando Maduro era presidente, organizó con «altos funcionarios del Gobierno» un «esquema ilegal» con «sobornos» y «pagos ilegales» del programa público venezolano Comité Local de Abastecimiento y Producción (CLAP), con transferencias de dinero al sur de Florida.
La incógnita de otros coacusados y otros cómplices
El exministro menciona como presuntos cómplices al chavista José Gregorio Vielma Mora, quien entonces era gobernador de Táchira, y a los colombianos Álvaro Pulido Vargas, Emmanuel Enrique Rubio González y Carlos Rolando Lizcano.
Pero también señala a ‘co-acusado 1’ y ‘co-acusado 3’, dos sospechosos que la Fiscalía no identificó de manera pública, además de asegurar que «acordó lavar dinero y cometer fraude» con «altos miembros del Gobierno de Venezuela».
¿Qué ofrece Saab a EEUU?
A cambio, Saab accedió a «cooperar plenamente» con el DOJ con «la aportación de información y testimonio veraces y completos, y la entrega de documentos, registros y otras pruebas» en «cualquier juicio o proceso» judicial que pida el Gobierno.
«Asimismo, el procesado acuerda que no protegerá a ninguna persona o entidad mediante información falsa u omisión, que no implicará falsamente a ninguna persona o entidad, y que no cometerá ningún otro delito», establece el pacto.
Además, el empresario aceptó entregar 195 millones de dólares, propiedades y bienes derivados de los crímenes a la Fiscalía, que fijó un plazo de catorce días para que revele todos los activos relacionados con los delitos.
Las promesas de EE.UU. a Saab
Por estas condiciones, el Gobierno estadounidense aceptó pedir una sentencia menor para el exministro venezolano, quien podría afrontar una pena máxima de 20 años en prisión y una multa de 500.000 dólares, según el acuerdo de 12 páginas.
Pero el DOJ advirtió de que se «reserva el derecho de evaluar la naturaleza y el alcance de la cooperación del procesado», así como la «calidad e importancia» de la información para las investigaciones pertinentes.
Las posibles implicaciones para Maduro
Este proceso cobra relevancia porque ocurre después de la llegada de Maduro en enero a Nueva York, donde afronta cargos por ‘narcoterrorismo’, narcotráfico y posesión de armas.
Aunque el acuerdo divulgado no menciona al gobernante depuesto por EE.UU., el opositor venezolano Carlos Paparoni, exdiputado y dirigente del partido Primero Justicia considera que «la importancia de esto es abrir el proceso de colaboración de Alex Saab con las autoridades» estadounidenses.
«Si bien todo el mundo está pensando en este momento en la cooperación de Saab en el caso de Nicolás Maduro, creo que la relevancia es que Saab tiene el secreto y la traza de dinero de muchísimos casos abiertos en EE.UU. y de miles de casos más que pueden terminar siendo abiertos», dijo a EFE tras acudir a la audiencia.
La entrada Las claves del acuerdo Saab-EE.UU. y el posible impacto en el caso contra Nicolás Maduro se publicó primero en El Nuevo Diario (República Dominicana).