“Hay una gran diferencia entre la perspectiva de un analista y la de un estadista. El analista puede elegir el problema que desee estudiar, mientras que al estadista los problemas se le imponen. el analista puede dedicar todo el tiempo que juzgue necesario para llegar a una conclusión clara; para el estadista, el desafío abrumador es la presión del tiempo. El analista no corre riesgos; si sus conclusiones son erróneas, podrá escribir otro tratado. Al estadista sólo se le permite una conjetura; sus errores son irreparables. El analista dispone de todos los hechos; se le juzgará por su poder intelectual. El estadista debe actuar basándose en evaluaciones que no pueden demostrarse en el momento en que las está haciendo; será juzgado por la historia según la sabiduría con que se haya enfrentado al cambio inevitable y, ante todo, por lo bien que haya conservado la paz”. Henry Kissinger
Así reflexionaba el Secretario de Estado de los Estados Unidos durante el gobierno de Nixon, en su tratado sobre la diplomacia. Marcando una clara y sabia diferencia que se debe tener presente entre quienes ostentan el poder y quienes analizamos las acciones de los que detentan el poder.
La nueva escalada de precios del petróleo es uno más de los complejos desafíos externos que ha tenido que enfrentar el presidente Abinader desde que asumió el poder en el año 2020.
Hoy el petróleo está por encima de los cien dólares. Así lo refleja tanto el West Texas Intermediate como el Brent. Esto, evidentemente, tiene un impacto catastrófico para los países importadores de petróleo como la República Dominicana.
Por cada dólar que sube el precio del petróleo debemos adicionar a la factura petrolera entre 60 y 70 millones de dólares, si hacemos ese cálculo en función de los cerca de 70 millones de barriles anuales que importa nuestra economía comprenderemos la magnitud de la crisis.
El gobierno invirtió más de 30 mil millones de pesos desde el inicio del conflicto entre Estados Unidos e Irán, hasta la fecha, y aunque había presentado un plan anticrisis la realidad es que para buscar esos recursos hay que desvestir un santo para buscar a otro. Solo para esta semana anunció Industria y Comercio que tendrán que buscar más de 1,200 millones de pesos para mantener congelados los precios de los combustibles.
Al gobierno le corresponde ejercer la política con pedagogía y explicarle al país con peras y manzanas, insistentemente, el diagnóstico y la solución. Por más bullas, ruidos y brujerías de quienes están orando a los ayatolas para que el precio del barril del petróleo siga por las nubes y sobre el cadáver de la economía regresar al poder, nunca se puede perder de vista que hay que priorizar la razón.
Estabilidad macroeconómica, sincerar gradualmente el precio de los combustibles y mantener los niveles de inversión pública para sostener el crecimiento económico como había anunciado el mandatario dominicano que sin dudas las turbulencias que ha tenido que enfrentar manteniendo la paz y una marcha positiva de los indicadores macroeconómicos lo han graduado de estadista.
La fórmula debe ser esa; además de explicar incansablemente el diagnóstico y la solución, sin olvidar por supuesto, el impacto inflacionario en el alto costo de la vida. Eso concluye desde su humilde perspectiva este analista