Un jugo de naranja no cuesta lo mismo en un supermercado que en una cafetería, una estación gasolinera, en una zona turística o en un estadio de beisbol, y usted mismo paga “lo que sea” si está muriéndose de sed por una botella de agua aunque el fabricante lo anuncia por radio o televisión.
Uno se pregunta a dónde fue a parar un organismo que se llamó “Dirección General de Control de Precios” y que el gobierno, empresarios y los precios de los combustibles y la tasa del dólar eliminaron con la ayuda de tres sicarios llamados apagones, fluctuaciones en los precios de los combustibles, y la tasa del dólar, que cambian a cada rato los precios a los artículos de primera necesidad.
Por lo anterior, muchos ciudadanos concluyen que muchos problemas vienen desde la cabeza del Gobierno y parecería que para corregirlos hay que eliminarlos como a las serpientes, utilizando los votos como si fueran cuchillos y machetes bien afilados cortándoles las cabezas cuando llegue el siempre cuestionado denominado elegantemente certamen electoral.