Entre fábulas, dictados y lectura comprensiva transcurrieron los primeros años de escolaridad de generaciones de dominicanos. Leer nunca era un ejercicio vano: estábamos llamados a escuchar con atención, imaginar, comprender y decir con nuestras palabras lo que entendíamos.
Por aquellos tiempos no existía una prueba que nos PISAba la moral. Quizás también la hubiésemos reprobado, no lo sé, pero me atrevo a apostar que los más viejos entendemos mucho mejor lo que leemos: ¡basta pasear por las redes sociales para ver un desfile de falta de comprensión!
Que la República Dominicana esté peor que en el 2015 en comprensión lectora, con un 48% de los estudiantes con muy bajo rendimiento en esa materia, habla pésimo del sistema educativo. También del futuro de esos estudiantes: ¿Cómo podrán echar adelante si son incapaces de entender lo que están leyendo?
Los resultados de PISA fueron dramáticos en casi todos los países del mundo. A la par que avanza la modernidad, con más dispositivos, algoritmo y entretenimiento, retrocede la educación. La pregunta obligada es, ¿qué hacer para revertirlo? ¿Cómo lograr que los jóvenes aprecien los libros, la imaginación y la vida real? Vivir en una pantalla, con falsos estímulos y leer peor, es PISArse la vida. ¿Lo entenderán?