Nuestro sistema de partido se encuentra en serios cuestionamientos. Sus principales liderazgos tienen por delante la inmensa tarea de establecer pensadas estrategias, para en lo inmediato tratar de salir del cenagoso barro mediático en el que con razón o sin ella nos encontramos como sociedad.
El proceso sobre el cual navegamos, esto refiriéndonos a temas específicos como por ejemplo el manejo de nuestra sociedad con relación a los llamados líderes o influencers mediáticos, prácticamente se ha tornado insostenible.
Muchas veces el peso desinformativo y hasta nauseabundo que proviene de un importante grueso de dicho sector, es algo que prácticamente nos está exponiendo de cara al futuro inmediato, en un extremado peligro colectivo; esto muy a pesar de existir en el país ciertos controles; pero los mismos no son suficientes como para que quienes se hacen llamar los “nuevos líderes de opinión”, tomen un poco más en serio la palabra respeto.
Nos están llevando hacia un callejón sin salida. Nos están inyectando elevadas porciones de contenidos basuras, los cuales y de manera un tanto abusiva veo que nos están envenenando hasta la parte más racional que poseemos.
Al parecer fuerzas muy poderosas nos empujan para relegarnos hacia un espacio en donde nos están haciendo creer que ya todo está perdido, y como tal, es necesario que aquellos “mesías” que ciertos sectores foráneos están mostrándoles a la sociedad, podrían ser cuando terminemos de descomponernos, los “chapulines colorados” que nos libertarán de todos aquellos males que hoy nos arropan.
Soy de lo que piensa, que, a lo mejor, esos poderosos sectores que han estado maquinando en contra de nuestro sistema de partido mediante elaboradas recetas propuestas por sus tanques de pensadores y al servicio de sus referidos intereses, han tomado como epicentro a outsiders que sin la necesaria preparación se han constituido en los pivotes políticos al servicio de quienes desde tiempos inmemoriales están trabajando el tema para la fragmentación de nuestra democracia.
En varias de nuestras intervenciones tanto por este como por otros importantes medios de comunicación, hemos venido abogando para que las diversas organizaciones partidarias, tomen en serio lo estipulado en nuestra Ley de Partido (3318), a través de los artículos desde 34 al 39, en donde se estatuye la educación política como fuente primaria (diríamos), para el fortalecimiento de uno de los principales elementos con que contamos para la defensa de nuestra soberanía.
Repetimos, nos están infantilizando y no nos queremos dar cuenta. Nos están vendiendo baratos espejitos por oro, y cuando como sociedad queramos despertar, me temo que ya sería demasiado tarde.
Ante la terrible amenaza en la que se encuentra nuestro sistema de partido, se hace necesario, que esos líderes olviden las diferencias que por décadas los han desunido. Que auto convoquen sus conciencias y luego exterioricen dicho pedido, para que, (repetimos), se trabaje en pos de una educación política ciudadana generalizada, en donde el conglomerado conozca cuáles son sus deberes y sus derechos dentro de las diversas organizaciones a las que se pertenece, o de lo contrario, si no se toman urgentes medidas, lo que prevalecerá en unos cuantos años será, la inevitable cultura de las palabrotas aquellas.