El anunciado “acuerdo” petrolero hecho por el presidente Trump y la por él “enormemente respetada” presidenta encargada Delcy Rodríguez, constituye otro de los tantos saqueos y abusos cometidos por los EE. UU. contra un pueblo a lo largo de su historia. Que una de las partes de ese atropello, eufemísticamente llamado “acuerdo”, esté integrada por el núcleo duro que encabezó un régimen que algunos creyeron revolucionario hace de ese abuso una catástrofe política. La derrota del trumpismo en Irán, que ha impedido que este se apodere de las reservas petroleras e ese país, y lo ha inducido para apoderarse de las venezolanas, las usaría como trofeo para tratar de evitar su posible derrota en las elecciones congresuales de noviembre próximo.

Según algunas instituciones especializadas, en la investigación sobre reservas petroleras a nivel mundial, EE. UU. ocupa el puesto número 9 entre los países con mayores reservas, con 74,000 millones de barrilles; con los 65 000 millones que le regalan los remanentes del madurismo en el poder, tendrá 179 000, subiendo al quinto lugar. Venezuela, al perder esos 65 000, del primero desciende al segundo lugar con 259. Un miembro de la troica del gobierno títere decía: “EEUU no obtendrá una sola gota de petróleo venezolano”. Con su padrinazgo, este se ha apoderado del 22% de su reserva

Los especialistas sobre el tema afirman que el ejército norteamericano no podrá ganar la guerra después del anuncio del saqueo ha reiniciado sus acciones bélicas contra Irán. Lo mismo aseveran importantes sectores de la estructura militar de EUA, activos y en retiro. Retoma esas acciones pensando que con el regalo de 65,000 millones de barriles de petróleo hecho por los remanentes del madurismo podrá prometer gasolina cercana a los tres dólares y mejorías de las condiciones de vida de los estadounidenses en dos meses que faltan para las congresuales de noviembre y así evitar el triunfo de candidatos del Partido Demócrata.

Decía un personaje de la novela de Umberto Eco “El nombre de la rosa”: no sólo existe la lujuria por la carne, existe también lujuria del poder. Por ese extravío, el núcleo duro del madurismo, que antes se apoyó en el desconocimiento de su propia legalidad y la represión, hoy sirve al trumpismo para que se adueñe del petróleo venezolano. Es la lujuria de muchos dirigentes de otras experiencias de cambio, igualmente fracasadas, que los condujo al ejercicio desenfrenado de un poder negador de los más elementales espacios de participación y de representación democráticas. Es esta cuestión parte indispensable de la reflexión que debe hacerse al momento de pensar y actuar en la construcción de un proceso de cambio.

Una última reflexión sobre esta cuestión es que nada bueno puede esperarse de quien de la intolerancia y el abuso hace religión. Ningún país puede esperar ninguna colaboración justa de quien o quienes se la niegan a otros y a su propio país, de quien declara la guerra a una nación y, al perderla, busca salvar su proyecto político saqueando los recursos naturales de otra. Al final, una esperanza inútil.

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