Aunque todavía falta mucho para las elecciones de 2028, la carrera presidencial hace rato comenzó. Ahí están quienes aspiran: recorriendo el país, juramentando equipos, concediendo entrevistas, midiendo fuerzas y, por supuesto, pendientes de las encuestas.
De algunas figuras sabemos incluso cuánto marcan. Lo que no necesariamente sabemos es qué harían con el país si llegaran a gobernarlo.
Por eso me pareció interesante la iniciativa RD Debate 2026, impulsada por el Consejo de Desarrollo Económico y Social de Santo Domingo (CODESSD), que el domingo antepasado sentó en una misma mesa a cuatro aspirantes presidenciales del Partido de la Liberación Dominicana: Francisco Javier García, Francisco Domínguez Brito, Luis de León y Manfred Mata.
La propuesta contempla once entregas hasta noviembre e incluirá otras figuras políticas y algunos de los principales temas nacionales.
Ojalá se haga. Y ojalá participen todos y todas.
Porque si algo necesitamos de cara a 2028 es discutir menos sobre quién gana y mucho más sobre qué propone cada candidatura para gobernar.
Las encuestas nos dicen quién está arriba, quién baja, quién crece y quién no arranca. Pero ninguna nos dice quién tiene la mejor propuesta para enfrentar problemas como el sistema eléctrico, la seguridad social, la delincuencia, el tránsito, la educación, el agua o la reforma fiscal que nadie quiere mencionar demasiado.
Sobre eso quiero escuchar a quienes pretenden gobernarnos.
Y no solamente en entrevistas o discursos, porque hay una enorme diferencia entre hablar sin contradicción y debatir.
En un acto político nadie contradice al candidato a candidata. Nadie le dice que sus números no cuadran ni le pregunta de dónde saldrá el dinero para cumplir lo que acaba de prometer.
En un buen debate eso no debería ser posible.
Ahí está su verdadero valor: sacar a quienes hacen política del discurso aprendido, confrontar sus ideas y permitirnos sacar nuestras propias conclusiones.
En 2024 República Dominicana dio un paso importante cuando Luis Abinader se convirtió en el primer presidente en ejercicio en participar en un debate presidencial, organizado por la Asociación Nacional de Jóvenes Empresarios (ANJE), junto a Leonel Fernández y Abel Martínez.
Sería una pena que ese precedente se quedara como una anécdota de aquella campaña.
No sé si necesitamos una ley que obligue a debatir. Probablemente no. Pero sí deberíamos llegar al punto en que quien aspire a la Presidencia tenga que explicar por qué no quiere hacerlo.
Porque si usted quiere administrar el presupuesto nacional, dirigir la política exterior, comandar las Fuerzas Armadas, designar funcionarios y funcionarias y tomar decisiones que afectarán la vida de millones de personas, ¿por qué no estaría dispuesto a sentarse frente a quienes también quieren el puesto y defender sus ideas?
Yo quiero ver eso.
Quiero saber qué propone cada candidatura y cómo responde cuando cuestionan su propuesta. Si conoce los números. Si entiende los problemas. Si sabe cuánto cuesta lo que promete. Y, sobre todo, si tiene algo más que una buena estrategia electoral para ofrecerle al país.
Claro, tampoco se trata de colocar varios atriles y llamarle debate. Necesitamos buena moderación, preguntas incómodas, posibilidad de repreguntar, derecho a réplica y datos que puedan comprobarse.
Y aquí quienes ejercemos el periodismo tenemos también una responsabilidad.
Un debate debe servir para algo mucho más importante que producir la frase más viral de la noche: ayudar a la ciudadanía a decidir.
Por eso celebro la iniciativa del CODESSD, como celebraría cualquier otra que vaya en esa dirección.
Y ojalá quienes aspiran acepten. Todos y todas.
Porque para 2028 tendremos tiempo de sobra para caravanas, banderas, jingles, vallas, TikToks y encuestas.
Lo que no deberíamos permitirnos es llegar nuevamente a unas elecciones sabiendo quién tiene más posibilidades de ganar, pero sin tener suficientemente claro qué piensa hacer si gana.
Así que a quienes quieren ocupar la Presidencia yo les haría desde ahora una pregunta:
¿Están dispuestos a debatir?
Si la respuesta es sí, que vayan.
¡Y que se haga el debate!