La designación del mayor general Ernesto Rafael Rodríguez García como director general de la Policía Nacional coloca en sus manos el delicado rol de conducir la seguridad pública, concebida como el disfrute de los espacios públicos libres de riesgo, lo que la hace un derecho humano que garantiza la convivencia social, el desarrollo económico y la institucionalidad. Este nombramiento marca un punto decisivo para que la reforma policial avance hacia un proceso de maduración y concretización, en beneficio tanto de la institución como de la sociedad dominicana, que, junto a sus autoridades, ha depositado su confianza en el liderazgo policial actual.

Desde 1991, cuando el mayor general Ramón Alcides Rodríguez Arias dirigió la Policía Nacional, no se había visto a la máxima autoridad de la Policía recibir de manera abierta y directa a policías y ciudadanos sin distinción, abriendo las puertas de su despacho y rompiendo el cerco que muchas veces imponen el protocolo y la función. Este gesto de apertura, como hemos visto en las redes sociales, marca un precedente que fortalece la legitimidad institucional y proyecta a su director como un líder cercano que convierte la proximidad en un hecho palpable.

La reforma policial no debe confundirse con las políticas de seguridad pública. Su esencia radica en consolidar la institucionalidad, perfeccionar el modelo educativo y priorizar la calidad de la formación sobre la cantidad. La proximidad policial, que transforma a los agentes de figuras temidas en servidores respetados y de represivos en mediadores sociales, constituye uno de los avances más significativos y debe consolidarse como eje central de esta nueva etapa, donde la tecnificación y la capacitación permanente se perfilan como pilares para sostener los tres ejes misionales de la institución: inteligencia, prevención e investigación. Estos ejes encuentran un orden estratégico que promete resultados concretos y sostenibles, ya que el perfil profesional del director general, acompañado del compromiso y sentido de responsabilidad de su Estado Mayor policial, genera confianza en que se cumplirá el anhelo nacional de una transformación policial real y duradera.

La designación del mayor general Rodríguez García representa la oportunidad de consolidar una institución moderna, cercana y respetada, capaz de cumplir con su misión de proteger y servir. La sociedad espera que este liderazgo marque un antes y un después, y que la reforma policial se convierta en una realidad que dignifique tanto a los agentes como a la ciudadanía. Por ello, pedimos a Dios que le conceda la sabiduría necesaria e ilumine cada una de sus decisiones.

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