São Paulo/Río de Janeiro, 16 ago (EFE).- El mandatario brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, y el senador Flávio Bolsonaro, principal candidato de la oposición, arrancaron este domingo la campaña para las elecciones presidenciales de octubre en sus respectivas cunas políticas, con la promesa de combatir el crimen organizado.
Ambos candidatos eligieron lugares cargados de simbolismo para dar el pistoletazo de salida a sus 45 días de campaña.
Lula, en busca de su cuarto mandato no consecutivo, con 80 años, dio su primer mitin en el Estadio Municipal Primero de Mayo, en São Bernardo do Campo, a las afueras de São Paulo, donde se forjó como sindicalista y lideró manifestaciones masivas en la dictadura militar (1964-1985).
El abanderado del Partido de los Trabajadores (PT) reunió a miles de militantes en un acto teñido de rojo, en el que se recordó su lucha obrera y el legado social de sus gobiernos.

Flávio Bolsonaro, primogénito del expresidente ultraderechista Jair Bolsonaro, optó por el bastión político de su familia, la ciudad de Río de Janeiro, donde concentró a unos cientos de seguidores en la orla de la playa de Copacabana, con banderas brasileñas y algunas de Estados Unidos.
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El senador compareció con un chaleco antibalas por debajo de una camiseta amarilla con el mensaje: «Mi partido es Brasil«.
Todos los sondeos indican que el próximo jefe de Estado de la mayor economía latinoamericana se decidirá entre Lula y Flávio por un estrecho margen.
El último de la firma demoscópica Quaest, publicado el viernes, reflejó un empate técnico en una eventual segunda vuelta, con Lula con el 43 % de los apoyos y Flávio, con el 40 %. Un 4 % se declara indeciso.
La otra decena de candidatos inscritos en la Justicia Electoral no llegan al 5 % de las intenciones de voto.
Flávio carga contra Lula y defiende a su padre
Una estrategia radicalmente distinta a la de Flávio, que arremetió duramente contra el actual gobernante.
Subido a un tráiler en Copacabana, el senador dedicó casi todo su primer discurso de campaña a atacar a Lula, quien a su juicio representa «el camino de las tinieblas».
Lo acusó de endeudar a las familias, generar millonarias pérdidas en las empresas públicas y ser blando en el combate al narcotráfico.
También denunció que «la corrupción llegó al despacho del presidente», en alusión a las investigaciones contra Marco Aurélio Ribeiro, ex jefe de gabinete personal de Lula.
«¡Lula es el moroso de la esperanza!», exclamó el abanderado del Partido Liberal (PL) ante sus seguidores, la mayoría vestidos con los colores verde y amarillo de la bandera brasileña.
Como contrapunto, Flávio prometió bajar la mayoría penal a los 16 años, castración química para los pederastas, condenas de, «como mínimo», ocho años de cárcel para los «ladrones de celulares» y tratar a las bandas narcotraficantes como «terroristas», en línea con el Gobierno de Donald Trump.
Además, aseguró ser «el único» que puede sentarse con Estados Unidos y China para cerrar acuerdos comerciales.
Igualmente, defendió el legado de su padre Jair, actualmente inhabilitado, condenado por la Corte Suprema y en prisión domiciliaria por tramar un golpe de Estado contra Lula tras perder las elecciones de 2022.
Para despedirse, Flávio pronunció uno de los lemas más conocidos de su padre: «Brasil por encima de todo y Dios por encima de todos».