Ángela Peña

En su patio, testigo del sentimiento y la pasión de intérpretes y músicos gloriosos, solo quedan pintados güira, maracas, tambora y acordeón en las paredes descoloridas, desvaneciéndose por las lluvias, el sol, el salitre.

Ese escenario, frecuentado cada domingo por animados fiesteros, se apagó cuando su dueño cerró los ojos al mundo. Contrasta su soledad con el sonido de aquellos merengues fascinantes y románticos boleros.

José Mateo Tamárez, Joseíto, no solo puso al público a bailar o llenarse de nostalgias, también dio a conocer el país en varios continentes, solo o incorporado a orquestas afamadas como La Sonora Matancera y el Gran Combo. En su condición de empresario, impulsó las carreras de Julito Deschamps, Rafael Colón, Francis Santana, Dionisio Mejía (Guandulito) y Rafael Martínez.

Trabajó en cines y teatros. Interpretó salsa, mambo, son, guarachas, boleros, guaguancó, plena y bomba, “todos los géneros musicales antillanos”. Y solo abandonó los escenarios meses antes de su partida. Nonagenario, llegó a presentarse con bastón cuando apenas podía exhibir la soltura de sus mejores años.

Reconocido con premios tan afamados como El Grammy Latino a la Excelencia Musical o El gran Soberano, jamás abandonó su sencillez, lo que le granjeó el cariño del pueblo.

Acusado de trujillista porque le resultaba gracioso al tirano y su séquito que prácticamente lo tenían exclusivo, tuvo que esconderse y luego ir al exilio perseguido por las turbas tras el ajusticiamiento, pero pocos artistas de entonces osaron negarse a los caprichos del dictador.

Sin embargo, en plena tiranía le retuvieron el pasaporte para viajar a grabar el que sería su merengue emblemático: “El negrito del batey”. Héctor Díaz y Medardo Guzmán escribieron esa pieza para Joseíto en los años 40. La estrenaría en Cuba con la Sonora Matancera. Por el impedimento, lo interpretó Alberto Beltrán.

El repertorio de Mateo es inmenso. Los galardones, incontables. Sus composiciones, grabadas por cantantes de todas épocas, siguen sonando.

Debido a tantos méritos, el Senado de la República decidió designar una calle con el nombre de Joseíto Mateo, pero no se ejecutó.

“El rey del merengue”.

Nació el seis de abril de 1922 en el poblado de San Isidro, paraje de Juana Brava, Distrito Nacional, hijo de Altagracia Mateo y Paulino Tamárez, nativos de Sainaguá, San Cristóbal, y bautizado en la iglesia Santa Bárbara. Su educación escolar fue escasa. Trabajó desde niño e inició su carrera siendo adolescente.

Jesús Torres Tejeda publicó en su “Fichero artístico”: “No notamos influencia de ningún otro cantante de su época”, y añade que Mateo “creó escuela como compositor. Sus partos merengueros han sido verdaderos sucesos. Sus creaciones han marcado pautas en expresiones que se han convertido en refranes y dichos”.

En 1962 “fue vocalista del primer disco de larga duración de El Gran Combo de Puerto Rico con “Menéame los mangos”.

La relación de sus giras, composiciones, presentaciones, es interminable.

Llamado también “El diablo Mateo”, “La leyenda viva del merengue”, “El rey del merengue”, hizo famosos los temas Madame Chuchú, Dame la visa, La cotorra de Rosa, La patrulla, El timacle, Los guandulitos, Pa la pachanga, Con la mesa al caco, Yo no creí, La mulatona, Gallito pinto, Ahora si hay melao, El merengón, Bambaraquití, Con el pico prendío, Violeta, Jardinera, Chiquito pero tupío, La negra Cacha, La chiva blanca, Caña brava, Cumandé, Cuando yo me muera, Hasta la tambora, “Eres de todos” y muchos otros.

“Dio a conocer en La Habana “Amor sin esperanza”, de Luis Kalaff, grabado después por Celio González, con la Sonora Matancera”, consigna Torres.

José Mateo Tamárez (Joseíto Mateo).

Mostrando su álbum “Abusadora”.

Falleció a los 98 años de edad, el 31 de mayo de 2018.

La calle. El siete de noviembre de 2018 el Senado de la República designó con el nombre de Joseíto Mateo “un tramo de la calle denominada Baní, comprendido entre la autopista 30 de Mayo y la calle 6 del sector Tropical, donde funcionó “El patio de Joseíto”. La pieza enaltece y describe la vida del “creador musical, cantante y bailarín que marcó el ritmo tropical”. Los autores de la iniciativa fueron el presidente del Senado, Reinaldo Pared Pérez y el senador Adriano Sánchez Roa, que justifican con encomio la merecida denominación.

Pared lo definió como “uno de los primeros embajadores culturales de la República Dominicana”. El decreto no se ejecutó por la justa oposición de los moradores de la vía, argumentado que ya tenía nombre. Sigue pendiente.

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