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El realismo como doctrina de las relaciones internacionales no anda en sentimentalismos. Nos enseña constantemente que tenemos que volver a Tucídides: “El fuerte hace lo que puede. El débil sufre lo que debe”.
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El realismo como doctrina de las relaciones internacionales no anda en sentimentalismos. Nos enseña constantemente que tenemos que volver a Tucídides: “El fuerte hace lo que puede. El débil sufre lo que debe”.