La celebración de numerosos feriados en lunes no es casualidad, sino resultado de una disposición legal que cambió la forma en que los dominicanos conmemoran sus fechas históricas y religiosas.
Se trata de la Ley 139-97, promulgada el 19 de junio de 1997, que estableció el traslado de los días festivos que coincidan con martes, miércoles, jueves o viernes hacia el lunes más cercano.
La medida fue aprobada por el Congreso Nacional con el objetivo de incrementar la productividad y reducir las pérdidas económicas que generaba la interrupción del ritmo laboral en medio de la semana.
Según los considerandos de la ley, cada día laborable aporta bienes y servicios al Producto Interno Bruto por un valor aproximado de 400 millones de pesos, por lo que reorganizar los feriados representaba un beneficio para la economía nacional.
La normativa dispone que los feriados que caigan martes o miércoles se celebren el lunes anterior, mientras que los que coincidan con jueves o viernes se trasladen al lunes siguiente. Sin embargo, la ley reconoce excepciones: Año Nuevo (1 de enero), Día de la Altagracia (21 de enero), Independencia Nacional (27 de febrero), Día de Las Mercedes (24 de septiembre), Navidad (25 de diciembre) y las festividades religiosas que dependen de días específicos de la semana, como Corpus Christi, Jueves y Viernes Santo, permanecen inamovibles.
Desde su entrada en vigor, la Ley 139-97 ha generado debates entre quienes valoran la organización que permite fines de semana largos y quienes consideran que se pierde el sentido histórico de las fechas originales.