Con un Mundial 2026 que será el más grande de la historia —48 selecciones, 104 partidos y 16 ciudades sede entre Estados Unidos, México y Canadá—, la fiebre del fútbol ya se trasladó al terreno de los negocios. Camisetas, álbumes, stickers, rifas y promociones temáticas inundan tiendas y redes sociales. Sin embargo, detrás del entusiasmo existe una línea delicada: la propiedad intelectual.
El docente Juan Sebastián Sánchez Polanco, de la Especialización en Derechos de Autor, Propiedad Intelectual y Nuevas Tecnologías de la Fundación Universitaria del Área Andina (Bogotá), explica que comprar y vender artículos relacionados con el torneo es válido siempre que sean productos originales. El problema surge cuando se intenta aprovechar la fama de las marcas registradas por la FIFA para beneficio propio, lo cual está prohibido.
“El fútbol despierta pasiones, y eso es legítimo. Lo que no puede hacer un negocio es disfrazar su producto para que el cliente crea que tiene un respaldo oficial que en realidad no existe. Ahí empieza el riesgo legal”, advierte Sánchez.
Recomendaciones para consumidores
La orientación es clara: adquirir artículos en puntos autorizados, con acreditaciones o logos de patrocinadores oficiales, y ver los partidos por canales legales, evitando emisiones piratas. La calidad, los colores y los acabados suelen delatar la diferencia entre un producto original y uno falsificado. Además, solo el artículo legítimo ofrece garantía y respaldo.
Emprendedores y creatividad
Para los pequeños negocios, la clave está en la originalidad. Sánchez aclara que es posible sumarse a la ola mundialista, siempre que la propuesta tenga sello propio y no sugiera una relación inexistente con el campeonato.
“Usted puede hacer una campaña alrededor del fútbol, del ambiente, de la emoción del momento, sin necesidad de tomar prestado lo que le pertenece a otro. La creatividad propia es la mejor protección frente a una demanda”, puntualiza.