PARÍS.– La gran incógnita de la final de Roland Garros gira en torno a una pregunta: ¿podrá el alemán Alexander Zverev romper, por fin, la maldición que lo persigue en los torneos de Grand Slam?

El tenista germano llega como favorito frente al italiano Flavio Cobolli, una de las grandes revelaciones del torneo y decidido a protagonizar una de las sorpresas más memorables de los últimos años sobre la arcilla parisina.

Sobre el papel, Zverev tiene ventaja en experiencia, clasificación mundial y recorrido en las grandes citas. Sin embargo, carga con un peso que amenaza con condicionar su destino: la incapacidad de convertir su talento en títulos de Grand Slam.

Cobolli, de 24 años, afronta la final sin presión y con la confianza por las nubes. El italiano alcanzó el partido decisivo tras la retirada en semifinales de su compatriota Matteo Arnaldi y ya ha firmado el mejor resultado de su carrera.

Lejos de ser el favorito que muchos pronosticaban para representar a Italia en esta instancia, papel reservado inicialmente para el número uno del mundo, Jannik Sinner, el florentino ha demostrado que en Roland Garros todo es posible.

Antes de esta edición apenas acumulaba tres victorias en el torneo parisino y su mejor resultado en un Grand Slam había sido alcanzar los cuartos de final de Wimbledon en 2025. Ahora, además de asegurarse un lugar entre los diez mejores del mundo, tiene la oportunidad de escribir una página histórica para el tenis italiano.

Si logra el título, Cobolli se convertiría en el tercer italiano en conquistar Roland Garros, siguiendo los pasos de Nicola Pietrangeli, campeón en 1959 y 1960, y Adriano Panatta, vencedor en 1976 y encargado de entregar la Copa de los Mosqueteros este año, exactamente medio siglo después de su hazaña.

La final también tendrá un componente especial fuera de la pista. Zverev y Cobolli mantienen una buena relación desde hace varios años, una amistad que quedará en pausa durante las horas que dure el duelo más importante de sus carreras.

Ambos se enfrentaron en Roland Garros el año pasado, cuando el alemán se impuso en la tercera ronda. Este será su quinto enfrentamiento profesional, con un balance reciente muy equilibrado. Cobolli ganó en las semifinales de Múnich, mientras que Zverev se tomó la revancha en los cuartos de final de Madrid.

La última oportunidad de una generación

A sus 29 años, Zverev representa a una generación atrapada entre el dominio histórico del llamado «Big 3» y la irrupción de figuras como Jannik Sinner y Carlos Alcaraz.

Su historial en Roland Garros demuestra una notable regularidad. Fue finalista en 2024 y alcanzó las semifinales en cinco de las últimas seis ediciones. Además, posee 26 títulos ATP y siete coronas de Masters 1000.

Sin embargo, el gran vacío de su carrera sigue siendo un Grand Slam.

Su primera gran oportunidad llegó en el Abierto de Estados Unidos de 2020, cuando desperdició una ventaja de dos sets en la final frente al austríaco Dominic Thiem. Cuatro años después volvió a quedarse a las puertas en Roland Garros tras dejar escapar una ventaja ante Carlos Alcaraz. En el Abierto de Australia de 2025 tampoco pudo evitar la derrota frente a un imponente Sinner.

Ahora, el destino le ofrece una nueva oportunidad.

Más que una final, para Zverev representa la posibilidad de acabar con años de frustración y convertirse en el primer alemán en conquistar Roland Garros desde antes de la Segunda Guerra Mundial. Una victoria lo colocaría junto a los históricos Gottfried von Cramm, campeón en 1936, y Henner Henkel, los únicos tenistas alemanes que han levantado el trofeo en París.

El escenario está listo. Para Cobolli, la oportunidad de alcanzar la gloria inesperada. Para Zverev, la posibilidad de derrotar al rival más difícil de todos: sus propios fantasmas.

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