El 26 de abril de 1986, el mundo presenció uno de los peores desastres nucleares de la historia: la explosión del reactor número 4 de la central nuclear de Chernóbil, en la entonces Unión Soviética (actual Ucrania). Cuatro décadas después, las consecuencias de aquel accidente siguen siendo visibles, y su relato sigue siendo un recordatorio de los riesgos de la energía nuclear cuando se priorizan la improvisación y la falta de seguridad. Para entender qué salió mal, hablamos con Alfredo García, supervisor y divulgador nuclear, quien explicó en detalle los errores que llevaron a la catástrofe.
La noche del accidente, los responsables de la central decidieron realizar una prueba de seguridad para evaluar si el reactor podía auto refrigerarse en caso de un apagón eléctrico. La idea era comprobar si, tras una desconexión de la red, la inercia de la turbina podía generar suficiente electricidad para mantener las bombas de refrigeración en funcionamiento hasta que arrancaran los generadores diésel de emergencia.
Sin embargo, la prueba se llevó a cabo en condiciones inadecuadas recuerda. Se bloquearon sistemas de seguridad para realizar la prueba, una decisión que violaba los protocolos. Además los supervisores no estaban bien formados, lo que aumentó el riesgo de errores. “Lo hicieron además en unas condiciones malas desde el punto de vista de la red, porque la red no estaba en ese momento en condiciones de permitir que parara el reactor”, añade Alfredo García, supervisor y divulgador nuclear.
El reactor número 4 de Chernóbil, aunque relativamente nuevo (solo llevaba dos años en funcionamiento), tenía un diseño de los años 60. Este tipo de reactores, conocidos como RBMK, fueron creados originalmente para producir plutonio con fines militares, y la generación de electricidad era solo un subproducto.
Una de sus mayores deficiencias era la falta de un edificio de contención, una estructura de hormigón y acero diseñada para evitar fugas radiactivas en caso de accidente. Todos los reactores modernos cuentan con esta protección, pero Chernóbil carecía de ella.
“La prueba salió muy mal”
Durante la prueba, el reactor experimentó lo que los expertos llaman una “excursión de potencia”: la energía generada se multiplicó al menos por diez en cuestión de segundos. Esto provocó un aumento brutal de la temperatura en el combustible nuclear, generando una explosión de vapor.
“Esa explosión física lo que hizo fue romper la tapa a la parte superior del reactor, y como esa central nuclear no tenía un edificio de contención, como tienen todos los reactores actuales, se produjo una emisión radiactiva al exterior”, puntualiza el experto García.






