
EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO. – En la historia de Marcos Aurelio Peña Bretón, la ciencia y la ingeniería aeroespacial conviven entre las raíces caribeñas que cruzan el mar entre Puerto Rico, República Dominicana y Estados Unidos.
Nacido en Río Piedras, San Juan, de madre dominicana oriunda de Santiago Rodríguez y padre de Higüey, Marcos es el hijo de una herencia compartida entre dos islas que llevan la calidez en la sangre. Aunque su vida profesional floreció en Estados Unidos, es esa mezcla cultural la que moldeó su identidad y lo preparó para uno de los desafíos más grandes: trabajar en la NASA, como gerente de operaciones del programa Artemis, la misión que busca regresar a la humanidad a la Luna y eventualmente llevarla a Marte.

“Ser dominicano conlleva una actitud optimista, seguir adelante sin importar las dificultades y ser feliz incluso en la adversidad”, explica Marcos, al reflexionar sobre cómo sus raíces le han ayudado a manejar el estrés y los retos tanto en su vida personal como en su carrera. Marcos expresó sentirse más dominicano que puertorriqueño, pero afirma que valora profundamente la cultura de ambos países, sus comidas y la oportunidad de visitarlos siempre que puede.
Un regalo que marcó su rumbo
Todo comenzó con un simple gesto. Tenía apenas cuatro años cuando una amiga de su madre, recién llegada de Puerto Rico, le regaló un avión de juguete: un F-14 Tomcat. Para muchos niños, un juguete es solo eso. Pero para Marcos, ese pequeño avión fue el primer despegue de una pasión que lo llevaría a lo más alto.
“Amaba tanto ese juguete que lo considero la inspiración inicial de mi interés por la aviación”, recuerda.

Con los años, su curiosidad por el funcionamiento de los aviones lo llevó a explorar el mundo de la mecánica. Mientras otros soñaban con pilotar, él quería entender cómo volaban.
De la mecánica al espacio
Ya en Estados Unidos, estudió en un programa vocacional de mantenimiento de aviación mientras cursaba la secundaria en Miami. Pasaba medio día en el aula y el otro medio día aprendiendo a reparar motores y fuselajes. Al graduarse, ya estaba listo para obtener su certificación de la Federal Aviation Administration (FAA) como técnico A&P (Airframe & Powerplant), lo que le abrió las puertas a su primer trabajo formal en la aviación comercial.
Durante años trabajó en aerolíneas como Spirit Airlines, IBC Airways y Aerothrust Corporation, reparando aviones durante los turnos nocturnos, cuando las aeronaves “duermen”. Fue precisamente en una de esas madrugadas agotadoras, tras quedarse dormido al volante de regreso a casa, que comprendió que necesitaba un cambio de rumbo.
“Decidí combinar mi pasión por la aviación y las matemáticas en una carrera en ingeniería aeroespacial”, relata.
Así ingresó a la Universidad de Florida Central (UCF), atraído por su cercanía con el Centro Espacial Kennedy y por su ambiente latino. Luego obtuvo una maestría en Ingeniería Mecánica. Su paso por UCF no fue solo académico: allí cultivó las herramientas, contactos y experiencias que lo llevarían directo a la NASA.
Camino a la NASA
En 2010, aplicó a una pasantía en la NASA a través del programa Pathways. Fue seleccionado y empezó trabajando en el diseño de maquetas para la cápsula Orion, una experiencia que combinaba lo técnico con lo manual.

“Fue una gran transición de mecánico a ingeniero porque, como pasante construyendo maquetas, aún hacía trabajo manual, pero además diseñaba lo que estaba construyendo”, explica.
Su experiencia práctica como mecánico fue clave para destacarse.
“Mi gerente y mentor siempre me dijo que mi experiencia como A&P fue lo que hizo que mi solicitud resaltara entre las demás”, recuerda.
Hoy, Marcos es Operations Manager en el corazón del programa Artemis. Desde su puesto, supervisa las operaciones de procesamiento de vuelo que se llevan a cabo en el Vehicle Assembly Building (VAB) y el Launch Complex 39B, puntos históricos de lanzamientos espaciales.
Representar con orgullo y responsabilidad
Trabajar en una agencia como la NASA siendo latino conlleva, para Marcos, un compromiso doble.
“Hago todo lo posible por comportarme de manera profesional en el trabajo y cuando participo en actividades de divulgación con el público. También trato de no reforzar estereotipos”, afirma.

Él sabe que su presencia allí es parte de algo más grande: representar a quienes, como él, crecieron con raíces caribeñas y sueños siderales.
“Es un gran privilegio trabajar en esta agencia con tanta historia, que se asocia con emplear a los mejores de los mejores”, señala.
Un Caribe con mirada al cielo
Aunque vive y trabaja en Estados Unidos, Marcos no pierde de vista el Caribe.
“Me encantaría ver el día en que lancemos cohetes desde República Dominicana”, dice con convicción.
Cree que el país tiene potencial, empezando con pequeños satélites y alianzas estratégicas. También insiste en que se necesita desarrollo industrial más allá del turismo y la agricultura, para crear demanda real de profesionales en STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas).
“Necesitamos emprendedores dominicanos que se animen a crear empresas en campos no tradicionales como la biomedicina, la electrónica o la farmacéutica. Eso generará el entorno ideal para que más jóvenes se interesen por la ciencia”, propone.

Inspiración con los pies en la Tierra y la mirada en el espacio
Entre sus logros más destacados se encuentra su rol en Artemis I y el diseño de maquetas del Orion que hoy se exhiben en el Smithsonian. También fue gerente alterno de recuperación de la cápsula Orion para la misión EFT-1 a los 25 años, un cargo que le exigió ganarse el respeto de sus colegas de la NASA y de la Marina.
¿Cómo lo logró? “Desarrollando una piel gruesa y siendo persistente”.
Además de su pasión por la ingeniería, Marcos es un lector ávido de ciencia ficción. Su saga favorita: The Expanse, de James S. A. Corey. No es casual. Al igual que en esos libros, él también está escribiendo, día a día, una historia de exploración, tecnología y humanidad que trasciende fronteras.
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