El pasado 25 de octubre, los brasileños reeligieron a Luiz Inácio Lula da Silva y dieron un respiro a quienes defendemos el bien común. Aquel trabajador metalúrgico y dirigente sindical sigue siendo un símbolo de las luchas populares, acompañado por millones de personas que se resisten a entregar su futuro@ mayor representación del Sur, aunque sus integrantes tengan intereses y sistemas políticos diferentes. La esperanza exige resultados. Combatir la pobreza, proteger la Amazonía y respetar a los pueblos indígenas serán medidas concretas del alcance de esta victoria. Ningún liderazgo queda dispensado de rendir cuentas.
Los brasileños hicieron una elección cuyas consecuencias desbordan sus fronteras. Para América Latina, significa una oportunidad de actuar unida y negociar con mayor autonomía. Para el mundo, abre posibilidades de cooperación frente a la imposición y de defensa de la vida frente al saqueo. Su importancia se medirá en la capacidad de convertir esa esperanza en derechos, bienestar y paz.
La reelección de Lula abre oportunidades para fortalecer la integración latinoamericana, la soberanía y la cooperación internacional. Su trascendencia dependerá de convertir esa esperanza en derechos, justicia social, protección ambiental y bienestar para los pueblos.