A sus más de noventa años, Don Bobolo de León no solo batalla contra el paso inexorable del tiempo, sino también contra un diagnóstico que lo acompaña desde hace dos décadas: cáncer de próstata, sumado a complicaciones de diabetes y otras dolencias de la edad.
Tras sus pasos y su aliento diario se encuentra una familia que, con amor incondicional y sacrificios económicos al límite, hace todo lo posible para garantizarle la atención y los medicamentos que necesita.
Su hija, Juana de León, relata con voz pausada pero firme la travesía que viven cada mes para costear el tratamiento de su padre. Aunque reciben asistencia y un trato calificado como «excelente» por parte del personal médico en los centros de salud a los que acuden, los costos indirectos y la compra directa de fármacos representan un desafío constante para el presupuesto familiar.
Cada viaje en vehículo privado representa al menos dos mil pesos de pasaje, una cifra considerable para una familia donde no todos sus integrantes cuentan con ingresos fijos o empleo formal.
«A veces nosotros gastamos hasta 15 mil pesos mensuales en el tratamiento, porque son medicamentos muy caros. Hay medicinas que tramitamos por Alto Costo, pero hay otras que tenemos que buscar nosotros de nuestro bolsillo y comprarlas de emergencia, con recetas que llegan hasta los tres mil pesos», relata Juana visiblemente conmovida.
A esta suma se le agregan los gastos recurrentes de transporte para trasladar al anciano a sus consultas y tratamientos de seguimiento.
Cada viaje en vehículo privado representa al menos dos mil pesos de pasaje, una cifra considerable para una familia donde no todos sus integrantes cuentan con ingresos fijos o empleo formal.
Juana de León
Don Bobolo fue diagnosticado hace unos 20 años mediante una tomografía médica tras acudir a una revisión de rutina. Pese al pronóstico y a las complejidades acumuladas con los años, su hija destaca la fortaleza física y de espíritu que aún conserva el patriarca de la familia, quien sigue alimentándose con normalidad y aferrado a la vida.
Más detalles:
«Mi papá es un hombre fuerte. La que menos puede trabajar de los hermanos soy yo, pero entre los cuatro nos ayudamos como podemos para no dejarlo solo. Él tiene sus complicaciones, su azúcar y su próstata, pero aquí estamos luchando por él», expresa su hija Juana.
La historia de la familia De León evidencia el drama silencioso de cientos de hogares dominicanos que cuidan a adultos mayores con enfermedades oncológicas crónicas, donde el esfuerzo conjunto de los hijos y el amor familiar se convierten en el principal soporte financiero y emocional ante las dificultades del sistema de salud y los altos costos del tratamiento.