No solo es la delincuencia y la criminalidad. La depredación de nuestros ríos y recursos naturales quizá sea una mayor amenaza y debiera merecer tanta atención como el abultado listado de “buscados vivos o muertos”, de los perseguidos.

El más grande y peligroso de los crímenes que se cometen, de manera impune y a la vista de todos, las autoridades y la sociedad, es la depredación de los ríos, la tala de los bosques y la contaminación desbordada que nos está matando a todos.

De manera acelerada se están acabando nuestras fuentes de agua dulce y de vida, debido a la extracción de arena y grava de los lechos de los ríos que alegremente corrían entre montañas y llanuras, por parte de las granceras que polulan en todo el país, operadas por grandes y medianos jerarcas, civiles y militares, dueños de maquinarias, de palas mecánicas, camiones volteo y otros equipos pesados.

Las ciudades y pueblos del país se están quedando poco a poco sin el agua que alimenta a sus acueductos, con la agravante del cambio climático y el incremento de los desastres naturales, las lluvias torrenciales y las inundaciones.

Los responsables de esa criminal depredación son gentes con mucho poder e influencia, que -a diferencia de nuestras gentes pobres y sin esperanzas- disfrutan de una vida cómoda y sin preocupaciones, que además cuentan con la protección de las autoridades civiles y militares, que las distinguen y protegen.

Ningún depredador de ríos y bosques ha sido víctima de un “intercambio de disparos”, ni ha corrido una sola gota de sangre, ni en su entorno se han escuchado los desgarrantes gritos de dolor de las madres de los muchachos acribillados en las calles y callejones de los barrios, ni tampoco de los policías provenientes de esos mismos lugares, víctimas también de la violencia y la criminalidad alimentada por gente poderosa.

El monopolio de la violencia, que decreta condenas extrajudiciales, disponiendo la eliminación de los prófugos, perseguidos por uno o varios hechos delictivos que se les imputan sin que la justicia haya dictaminado su culpabilidad, obvia perseguir a los que en realidad hacen tanto o más daño al país y a la sociedad.

Tanto la criminalidad como la depredación son serias amenazas que deben ser enfrentadas con rigor, siempre respetando las normas constitucionales y legales. Ningún ciudadano debe ser asesinado, ni los muchachos descarriados, víctimas de la miseria social, ni los jorocones que amasan fortunas depredando los ríos y bosques de los que depende el presente y futuro de nuestro pueblo insular. No solo es la delincuencia y la criminalidad.

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Luis Felipe Rosa Hernández

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