Santiago crece a una velocidad que impone transformar la manera de planificar su futuro. La expansión urbana no puede considerar el agua potable como servicio solucionable, sólo al construir nuevos acueductos.

Seguridad hídrica es la premisa estructurante del ordenamiento y planificación estratégica del siglo XXI. Hoy no lo es, pero lo podemos resolver con un pacto real entre todos.

La ciudad transitó de una superficie de 40 km2 a comienzos de la década de 2000 a más de 120 km² actualmente. Es decir, se incorporaron más de 80 km2 de territorio urbanizado en poco más de dos décadas. La solución es que la infraestructura hidráulica, se adelante al crecimiento urbano. Producir más agua, implica disponer de más agua para los hogares.

El Plan Hidrológico Nacional 2045, estima una disponibilidad actual de 4,238 millones de m3 en la cuenca del Yaque del Norte, frente a demanda de 3,483 millones. Un balance anual positivo de aproximadamente 755 millones. Pero también registra una presión hídrica del 82 %.

Ni complacencia, ni crispación: existe disponibilidad anual, pero las condiciones estacionales, crecimiento de la demanda y cambio climático, imponen planificación.

El Plan Estratégico 2028 de Coraasan establecía una línea base de 71.45 % de agua no contabilizada en 2024, con una meta de reducirla a 54% en 2028. Una parte vital del desafío está en la eficiencia del sistema.

Ahorrar agua, también es producir agua. La reducción de fugas, micromedición universal, catastro de usuarios, sectorización hidráulica, control de presiones y monitoreo digital de caudales, pueden generar tanta seguridad como un nuevo acueducto.

Santiago cuenta con inversiones importantes. Rehabilitación de La Noriega II y Acueducto de Cienfuegos, con 23 millones de galones diarios. Es una oportunidad estratégica la anunciada ampliación del Acueducto Cibao Central, con inversión de RD$9,000 millones. Cada nueva torre, parque industrial, hospital o centro comercial debería demostrar que existe agua, saneamiento, drenaje y capacidad de redes para sostenerlo.

Aunque antes no se entendía, el plan cuenca Yaque del Norte y el ordenamiento territorial debieran avanzar juntos. La próxima década no se medirá por cuántos millones de galones adicionales podamos producir, sino por cuántos litros logramos conservar, medir, distribuir y utilizar racionalmente.

Santiago no puede seguir planificando edificaciones y buscando después el agua. El agua debe anticipar el territorio. Esa es condición vital de ordenamiento, sostenibilidad y competitividad.

Hay ciudades que crecen. Hay otras que, además, comprenden, planifican y proyectan hacia dónde crecen. Santiago pertenece al segundo grupo. Su experiencia exige mirar con cierta distancia crítica más de dos décadas de planificación estratégica, participación, concertación y construcción institucional.

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