Gobernar también consiste en batear los lanzamientos antes de que sea demasiado tarde.
En el béisbol dominicano existe una expresión: dejar pasar la bola. Ocurre cuando el bateador observa un buen lanzamiento, no hace el intento de batear y termina con un strike cantado. Nadie cuestiona el lanzamiento. Lo que se critica es haber dejado pasar la oportunidad.
Eso fue exactamente lo que hizo el Gobierno.
En menos de una semana República Dominicana recibió dos golpes desde Estados Unidos. Un arancel adicional de 12.5 % a nuestras exportaciones y la suspensión de las importaciones de mango fresco por incumplimientos fitosanitarios.
Son decisiones distintas. El error fue el mismo. Dejar pasar la bola.
El nuevo arancel no apareció de un día para otro. En marzo, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos inició una investigación sobre los países que no contaban con mecanismos suficientes para impedir el ingreso de productos elaborados mediante trabajo forzoso.
República Dominicana figuraba entre las investigadas.
En junio llegó la segunda advertencia. Washington publicó las medidas propuestas, abrió consultas y evaluó compromisos.
El mensaje era claro. Los países que adoptaran reformas o asumieran compromisos verificables enfrentarían un arancel de 10 %. Los demás quedarían sujetos a 12.5 %.
Guatemala, Honduras, México, Canadá, Malasia, India y el Reino Unido aprovecharon esa oportunidad. República Dominicana llegó a la decisión final sin modificar su posición.
El caso del mango resulta todavía más preocupante. El propio Ministerio de Agricultura reconoció que desde 2023 las autoridades fitosanitarias estadounidenses habían advertido debilidades en los controles contra la mosca de la fruta. Pasaron tres años. Las correcciones importantes comenzaron después de la suspensión de las exportaciones.
Aquí vuelve la imagen del béisbol. Cuando un bateador deja pasar un buen lanzamiento todavía tiene oportunidad de recuperarse si el conteo apenas comienza. Pero cuando deja pasar dos o tres lanzamientos consecutivos termina acorralado. Entonces ya no controla el turno al bate. El lanzador domina el juego.
Eso ocurrió con la política comercial dominicana.
No era necesario conocer la decisión final de Estados Unidos para empezar a actuar. Bastaba con leer las advertencias, fortalecer la diplomacia comercial, corregir las deficiencias sanitarias y trabajar junto al sector exportador.
Los mercados internacionales funcionan con reglas, calendarios y procedimientos conocidos. Las investigaciones se anuncian. Las observaciones sanitarias se notifican. Los plazos existen para corregir, no para esperar.
Hoy el país enfrenta mayores costos para exportar y uno de sus productos agrícolas más emblemáticos perdió acceso temporal a su principal mercado. Ninguno nació esta semana. Ambos se incubaron durante meses, incluso años. En el béisbol, dejar pasar la bola cuesta un strike.
En la economía cuesta mercados, empleos, divisas y credibilidad.
Los lanzamientos se anunciaron. El Gobierno decidió no hacer swing.