Las ejecuciones extrajudiciales ya no se ocultan solo bajo el bochornoso eufemismo de “intercambios de disparos”. Han mutado. Hoy, al igual que en los días más oscuros de regímenes autoritarios, apresan en “flagrante delito” a una persona, lo privan de libertad, le impiden ver sus familiares por cinco días —contrario a las 48 horas que establece la Constitución—lo llevan ante el juez y éste, conmovido por el demacrado bagazo humano que tenía frente a sus ojos, lo pone en libertad. Luego, “Miguelito”, como le decían sus amigos y familiares, fallece, como expresión no de la divina providencia sino de la terapia física diabólica que le aplicaron los malditos simios con trajes azules, pistolas y armas en el destacamento.

Ese fue el trágico destino —otro más— de Miguel Antonio Lucas, “Miguelito”. Cuyo ataúd llevaron indignados y bañados en lágrimas sus familiares al destacamento policial de San Cristóbal, donde duró varios días privado de libertad y al parecer fue sometido a una terapia de golpizas que le causaron lesiones graves desencadenando su muerte.

Si se tratara de un caso aislado y no estuviéramos hablando de que se han triplicado la cantidad de muertes de civiles en manos policiales, sin disminuir el dolor ni la sensibilidad que provoca esta ejecución, se encienden las alarmas para depurar de manera exhaustiva la dotación policial completa de esta demarcación, investigarla, someter los responsables ante la ley y establecer protocolos para impedir que se repita.

Sin embargo, estamos hablando de una conducta muy común en la policía cuya reforma aún no se perciben sus efectos positivos y que ha servido más que para crear una institución “cercana” a la gente, para envalentonar simios uniformados con pistolas que están acabando con la vida de la gente. ¿Cuál será la justificación de este crimen de lesa humanidad? ¿Por qué se violan los derechos fundamentales a la vista de todos? ¿Por qué tenemos que tolerar estos excesos de las fuerzas del orden? ¿Por qué se trata con paños tibios estas ejecuciones? ¿Por qué se sienten tan empoderados los policías? ¿Qué dirá el “coordinador” de la Policía Nacional? ¿Qué dirá la jefa del coordinador de la Policía Nacional? ¿El Ministerio Público? ¿Y el jefe de la jefa del coordinador de la Policía Nacional? ¿Quién responderá tantas preguntas? ¿Y la reforma policial, seguirá siendo un eslogan del cambio?

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