Nacionales.- Este 30 de mayo se conmemora el 65 aniversario del ajusticiamiento de Rafael Leónidas Trujillo Molina, hecho histórico que marcó el fin de una de las dictaduras más prolongadas y represivas de América Latina y abrió el camino hacia la construcción de un sistema democrático en la República Dominicana.
La muerte de Trujillo, ocurrida el 30 de mayo de 1961 en la entonces autopista Santo Domingo-San Cristóbal, hoy avenida 30 de Mayo, fue el resultado de una conspiración organizada por un grupo de dominicanos que buscaban poner fin a más de tres décadas de persecución política, restricciones a las libertades públicas y violaciones a los derechos humanos.
El régimen trujillista, que se extendió por 31 años, estuvo caracterizado por la represión sistemática contra sus opositores, dejando como saldo miles de asesinatos, desapariciones, encarcelamientos, torturas, exilios forzosos y otros crímenes que marcaron profundamente la historia nacional.
Entre los acontecimientos que contribuyeron al debilitamiento de la dictadura, historiadores destacan el secuestro y asesinato del profesor Vasco Jesús de Galíndez en 1956, así como el asesinato de las hermanas Patria Mirabal, Minerva Mirabal y María Teresa Mirabal junto a su chofer Rufino de la Cruz el 25 de noviembre de 1960, un crimen que provocó indignación nacional e internacional.
Asimismo, se recuerdan hechos como la denominada Masacre del Perejil, en la que miles de haitianos perdieron la vida, y la persecución contra integrantes del movimiento clandestino Movimiento 14 de Junio, cuyos miembros fueron encarcelados, torturados y asesinados por los organismos de seguridad del régimen.
La noche del 30 de mayo de 1961, un grupo de conspiradores interceptó el vehículo en el que se desplazaba Trujillo y abrió fuego contra el dictador, causándole la muerte. Entre los participantes de la acción se encontraban Antonio Imbert Barrera, Antonio de la Maza, Salvador Estrella Sadhalá, Pedro Livio Cedeño, Amado García Guerrero, Roberto Pastoriza, Luis Manuel Cáceres Michel y Huáscar Tejeda, entre otros.
Tras la muerte del dictador, la estructura política del régimen comenzó a desmoronarse gradualmente. Aunque varios de los ajusticiadores fueron perseguidos y asesinados posteriormente, el hecho representó el inicio del proceso de transición hacia la democracia dominicana.