Leivy Marian Ramírez Cruz mientras interpreta una conferencia en lengua de señas. (Foto: Leivy Ramírez)

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EL NUEVO DIARIO, HIGÜEY.- Desde el púlpito de una iglesia, en Chillo Poueriet, municipio de Higüey, Leivy Marian Ramírez Cruz mueve las manos mientras su hijo Darving asiente con una mirada fija, entre ambos no hacen falta palabras en voz alta, la conversación fluye en lengua de señas, el idioma que ella decidió aprender por amor y que terminó abriéndole un nuevo mundo a ambos.

«Hasta que no aprendamos que la comunidad sorda tiene su cultura, no lograremos entenderlos», aseguró Leivy Marian Ramírez Cruz, quien es manicurista desde hace 15 años, y aprendió la lengua de señas motivada por el deseo de comunicarse plenamente con su primogénito.

Narró que cuando Darving tenía 3 años tuvo que dejarlo con la abuela paterna, y a los 8 años volvió a vivir con ella. Y aunque ya se comunicaban mediante señas creadas en casa, sentía que algo faltaba.

Leivy Marian Ramírez Cruz y su hijo Darwin Alberto. (Foto: Leivy Ramírez)

“Yo iba a la escuela de sordo, donde mi hijo asistía, a aprender lengua de señas, hasta con los mismos estudiantes, pero me di cuenta de que no era suficiente”, relató.

Asimismo, dijo que cada domingo lo veía sentado a su lado en la iglesia. Estaba presente, pero no comprendía lo que ocurría a su alrededor. No entendía las enseñanzas ni los mensajes. Fue entonces cuando comprendió que las señas que habían creado en casa no eran suficientes.

Entonces comenzó a buscar especialistas que le ayudaran a aprender el lenguaje. Durante la pandemia del covid-19 aprovechó que impartían clases virtuales y se inscribió. Además, estudió durante un año en una fundación especializada.

Ramírez Cruz reconoció que le hubiese gustado iniciar ese aprendizaje mucho antes, porque, me “siento que aprendí tarde. Por eso, cada vez que conozco a una familia con un niño sordo, les digo que desde bebé deben hablarle y enseñarle lengua de señas”, expresó.

En consecuencia, instó a las madres y padres que recién comienzan el proceso con hijos con discapacidad auditiva a acercarse cuanto antes a la lengua de señas, al considerar que el acceso temprano a la comunicación puede marcar una diferencia en su desarrollo.

Señaló que al mirar atrás, aprender lengua de señas transformó su vida más allá de la maternidad.

Indicó que en la iglesia a la que asiste ha participado en la interpretación de tres conferencias junto a intérpretes con más experiencia. Aunque aclara que no es especialista en esa área, hace todo lo posible para que la comunidad sorda pueda comprender plenamente los mensajes que se predican.

“Servir no siempre requiere grandes cosas. Requiere disposición. La comunidad sorda necesita más personas que decidan aprender su idioma, no solo por conocimiento, sino por inclusión, por amor y por respeto”, manifestó.

De igual forma dijo que “muchas personas creen que porque una persona no habla oralmente no tiene nada que decir, y eso no es cierto. Ellos tienen mucho que expresar, mucho que enseñar”.

Hoy, Darving tiene 20 años y se prepara para servir durante dos años como misionero en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Durante ese tiempo, acompañará y brindará apoyo a personas que lo necesiten, con especial atención a miembros de la comunidad sorda en la región Este del país.


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