{"id":43081,"date":"2026-05-23T09:36:39","date_gmt":"2026-05-23T09:36:39","guid":{"rendered":"https:\/\/acronoticias.com\/index.php\/2026\/05\/23\/la-palabra-en-juicio-rnn-red-nacional-de-noticias\/"},"modified":"2026-05-23T09:36:39","modified_gmt":"2026-05-23T09:36:39","slug":"la-palabra-en-juicio-rnn-red-nacional-de-noticias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/acronoticias.com\/index.php\/2026\/05\/23\/la-palabra-en-juicio-rnn-red-nacional-de-noticias\/","title":{"rendered":"La palabra en juicio | RNN Red Nacional De Noticias"},"content":{"rendered":"<div>\n<p>Hay pa\u00edses donde la palabra pesa. En la Rep\u00fablica Dominicana, adem\u00e1s de pesar, <strong>la palabra corre<\/strong>. Corre por la radio de la ma\u00f1ana, por los programas de televisi\u00f3n, por los peri\u00f3dicos digitales, por los grupos de WhatsApp, por X, por Instagram, por TikTok, por YouTube y por esa conversaci\u00f3n nacional permanente que nunca duerme, nunca se apaga y casi nunca pide permiso.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed una frase puede nacer en un pasillo pol\u00edtico, crecer en una llamada privada, multiplicarse en una cuenta an\u00f3nima, convertirse en tendencia, llegar a un programa de opini\u00f3n y terminar empujando una percepci\u00f3n p\u00fablica antes de que aparezca una sola prueba.<\/p>\n<p style=\"font-size:18px\"><strong>Ese es el poder de la palabra en la era digital: puede revelar la verdad, pero tambi\u00e9n puede fabricar una mentira con apariencia de justicia.<\/strong><\/p>\n<p>Por eso este debate no es menor. No es un capricho de periodistas, abogados o pol\u00edticos. Es una discusi\u00f3n sobre la calidad moral de nuestra democracia. Porque una sociedad no solo se define por las libertades que proclama, sino por la forma en que las ejerce.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Mart\u00ed advirti\u00f3 que <strong>\u201cla libertad cuesta muy cara\u201d<\/strong> y que hay que decidir entre vivir sin ella o pagar su precio. Ese precio, en nuestro tiempo, no es solamente enfrentar al poder. Tambi\u00e9n es tener la disciplina \u00e9tica de no convertir la libertad en abuso, ni la opini\u00f3n en fusilamiento moral.\u00a0<\/p>\n<p>La libertad de expresi\u00f3n debe defenderse siempre. Sin ella, el poder se vuelve arrogante, la corrupci\u00f3n encuentra sombra y la ciudadan\u00eda queda reducida a mirar desde lejos el banquete de los impunes. Pero defender la libertad no significa celebrar el desorden. <strong>Una libertad sin responsabilidad termina pareci\u00e9ndose demasiado al capricho del m\u00e1s ruidoso.<\/strong><\/p>\n<p>Y una democracia dominada por el ruido no se fortalece. Se fatiga. Se intoxica. Se vuelve desconfiada.<\/p>\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>El pa\u00eds donde todos hablan y pocos verifican<\/strong><\/h2>\n<p>La Rep\u00fablica Dominicana tiene una tradici\u00f3n oral poderosa. Somos un pa\u00eds que comenta, interpreta, sospecha, exagera, analiza, sentencia y vuelve a comentar antes de que el caf\u00e9 se enfr\u00ede. Esa vitalidad tiene belleza. Es parte de nuestra identidad. Somos una sociedad conversadora, pol\u00edtica, intensa, emocional.<\/p>\n<p>Pero esa misma energ\u00eda, cuando se mezcla con algoritmos, monetizaci\u00f3n, ansiedad informativa y lucha por audiencia, puede convertirse en una maquinaria peligrosa.<\/p>\n<p>Hoy cualquiera puede publicar. Eso es una conquista democr\u00e1tica. Pero tambi\u00e9n cualquiera puede acusar. Y ah\u00ed empieza el riesgo.<\/p>\n<p style=\"font-size:18px\"><strong>No todo el que habla informa. No todo el que denuncia prueba. No todo el que opina act\u00faa con honestidad. No todo el que se indigna tiene raz\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<p>La era digital nos dio voz, pero no necesariamente criterio. Nos dio velocidad, pero no siempre profundidad. Nos dio audiencia, pero no siempre responsabilidad.<\/p>\n<p>Por eso el periodismo y la comunicaci\u00f3n dominicana est\u00e1n frente a una prueba hist\u00f3rica: demostrar que la libertad de expresi\u00f3n no es licencia para destruir honras, sino una herramienta para iluminar zonas oscuras del poder.<\/p>\n<p><strong>Opinar no es difamar. Informar no es linchar. Denunciar no es condenar. Y comunicar no es lanzar piedras desde un balc\u00f3n para luego esconder la mano.<\/strong><\/p>\n<p>El periodista responsable lo sabe. El comunicador serio tambi\u00e9n. La diferencia entre una investigaci\u00f3n y una operaci\u00f3n de descr\u00e9dito est\u00e1 en el m\u00e9todo. La diferencia entre una denuncia y una calumnia est\u00e1 en la prueba. La diferencia entre fiscalizar y destruir est\u00e1 en la intenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Y la intenci\u00f3n, aunque no siempre se ve, casi siempre deja huellas.<\/p>\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>El rumor como espect\u00e1culo nacional<\/strong><\/h2>\n<p>El chisme siempre existi\u00f3. Antes caminaba por oficinas p\u00fablicas, redacciones, clubes, caf\u00e9s, esquinas pol\u00edticas, pasillos judiciales y mesas familiares. Pero ten\u00eda l\u00edmites f\u00edsicos. Hoy no. Hoy el chisme tiene WiFi, edici\u00f3n de video, m\u00fasica de suspenso, titulares de emergencia y una audiencia dispuesta a consumirlo como si fuera una serie.<\/p>\n<p><strong>Antes el rumor necesitaba boca. Hoy necesita algoritmos.<\/strong><\/p>\n<p>Y el algoritmo no pregunta si algo es justo. Pregunta si genera interacci\u00f3n. No pregunta si es verdadero. Pregunta si retiene audiencia. No pregunta si destruye a alguien. Pregunta si provoca reacci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ah\u00ed nace uno de los mayores peligros de nuestra \u00e9poca: <strong>la conversi\u00f3n del chisme en contenido y del contenido en juicio p\u00fablico<\/strong>.<\/p>\n<p>En una sociedad hiperconectada, una versi\u00f3n incompleta puede volverse sentencia social. Una sospecha puede transformarse en reputaci\u00f3n destruida. Una insinuaci\u00f3n puede valer m\u00e1s que un expediente. Una filtraci\u00f3n interesada puede recibir tratamiento de verdad revelada.<\/p>\n<p>El problema no es que el ciudadano hable. El problema es cuando el pa\u00eds empieza a creer que hablar fuerte equivale a tener raz\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"font-size:18px\"><strong>La verdad no siempre grita. A veces llega tarde, con documentos, con contexto, con pruebas, con matices. Pero el esc\u00e1ndalo llega primero, vestido de urgencia y con mejor m\u00fasica de fondo.<\/strong><\/p>\n<p>Y cuando la verdad llega tarde, muchas veces encuentra el escenario quemado.<\/p>\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Periodismo no es tribunal<\/strong><\/h2>\n<p>El periodismo tiene derecho y deber de incomodar. Debe investigar al poder, cuestionar al gobierno, vigilar al Ministerio P\u00fablico, exigir transparencia a los tribunales, seguir la ruta del dinero, poner nombres donde otros ponen silencios y hacer preguntas que nadie quiere responder.<\/p>\n<p>Pero el periodismo no debe convertirse en un tribunal paralelo.<\/p>\n<p><strong>El periodista puede revelar. Pero no se debe fabricar.<\/strong><strong><br \/><\/strong><strong>Puede preguntar. Pero no debe sentenciar.<\/strong><strong><br \/><\/strong><strong>Puede investigar. Pero no debe linchar.<\/strong><strong><br \/><\/strong><strong>Puede opinar. Pero no debe deformar los hechos.<\/strong><\/p>\n<p>Una prensa libre es indispensable. Una prensa irresponsable es peligrosa. La primera fortalece la democracia. La segunda la vuelve hist\u00e9rica.<\/p>\n<p><strong>Hannah Arendt<\/strong>, en su ensayo<strong> <\/strong>Verdad y pol\u00edtica (1967)<strong>, <\/strong>dej\u00f3 una advertencia esencial para toda sociedad democr\u00e1tica: la libertad de opini\u00f3n carece de sentido si la informaci\u00f3n f\u00e1ctica no est\u00e1 garantizada y la realidad misma se disputa. En consecuencia, sin un suelo com\u00fan de verdades compartidas, el espacio p\u00fablico se reduce a un mero conflicto de emociones. En otras palabras, <strong>sin hechos compartidos, la opini\u00f3n p\u00fablica se convierte en campo de batalla emocional<\/strong>.\u00a0<\/p>\n<p>Eso es precisamente lo que hoy amenaza a muchas democracias: no la falta de opini\u00f3n, sino el exceso de opini\u00f3n sin base; no la falta de voces, sino la multiplicaci\u00f3n de voces desconectadas de los hechos.<\/p>\n<p>En la Rep\u00fablica Dominicana, el periodismo debe asumir esta verdad con humildad y firmeza: <strong>la credibilidad vale m\u00e1s que la viralidad<\/strong>. La viralidad puede durar una tarde. La credibilidad sostiene una vida profesional.<\/p>\n<p>Un comunicador puede hacerse famoso con el esc\u00e1ndalo. Pero solo se vuelve respetado con el rigor.<\/p>\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>La delaci\u00f3n: entre la utilidad y la sospecha<\/strong><\/h2>\n<p>La lucha contra la corrupci\u00f3n necesita herramientas duras. Ser\u00eda ingenuo negar que la delaci\u00f3n puede ser \u00fatil. En tramas complejas, muchas veces alguien desde adentro puede explicar c\u00f3mo operaba la maquinaria: qui\u00e9n ordenaba, qui\u00e9n cobraba, qui\u00e9n firmaba, qui\u00e9n callaba, qui\u00e9n proteg\u00eda y qui\u00e9n se enriquec\u00eda.<\/p>\n<p>Pero hay que decirlo con claridad: <strong>el delator no es autom\u00e1ticamente un h\u00e9roe.<\/strong><\/p>\n<p>Puede ser una fuente \u00fatil. Pero tambi\u00e9n puede ser un acusado negociando su comodidad.<br \/>Puede decir verdades. Pero tambi\u00e9n puede seleccionar verdades.<br \/>Puede se\u00f1alar culpables. Pero tambi\u00e9n puede proteger aliados.<br \/>Puede aparentar arrepentimiento. Pero tambi\u00e9n puede estar administrando conveniencia.<\/p>\n<p>La justicia no puede confundir colaboraci\u00f3n con pureza moral.<\/p>\n<p style=\"font-size:18px\"><strong>Qui\u00e9n rob\u00f3 y luego habla no deja de haber robado. Quien particip\u00f3 del saqueo no se convierte en patriota solo porque aprendi\u00f3 a negociar con el expediente abierto.<\/strong><\/p>\n<p>La delaci\u00f3n debe abrir puertas, no cerrar casos. Debe conducir a documentos, transferencias, contratos, beneficiarios, estructuras, testigos, peritajes y recuperaci\u00f3n del dinero p\u00fablico. Si la delaci\u00f3n sustituye la prueba, la justicia se debilita. Si la delaci\u00f3n se convierte en espect\u00e1culo, el proceso se contamina.<\/p>\n<p>La sociedad dominicana no reclama \u00fanicamente nombres. Reclama las consecuencias.<br \/>No reclama \u00fanicamente confesiones. Reclama la restituci\u00f3n.<br \/>No reclama \u00fanicamente titulares. Reclaman justicia.<br \/>No reclama \u00fanicamente culpables medi\u00e1ticos. Reclama expedientes s\u00f3lidos.<\/p>\n<p>Porque si el pa\u00eds termina creyendo que robar sale barato cuando se delata a tiempo, entonces no estaremos frente a la justicia, sino frente a un mercado de culpas negociadas.<\/p>\n<p>Y ese mercado ser\u00eda devastador para la confianza p\u00fablica.<\/p>\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Ni impunidad ni persecuci\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p>La corrupci\u00f3n debe ser perseguida sin miedo. Pero la justicia no puede convertirse en venganza. Ese equilibrio es dif\u00edcil, pero es imprescindible.<\/p>\n<p style=\"font-size:18px\"><strong>La impunidad destruye la moral p\u00fablica. La persecuci\u00f3n pol\u00edtica destruye el Estado de derecho.<\/strong><\/p>\n<p>Un pa\u00eds serio no puede elegir entre esos dos abismos.<\/p>\n<p>El debido proceso no es un regalo para los acusados. <strong>Es una garant\u00eda para todos<\/strong>. Hoy podemos proteger a alguien que nos resulta antip\u00e1tico. Ma\u00f1ana puede proteger a un inocente. Pasado ma\u00f1ana puede protegernos a nosotros mismos.<\/p>\n<p>Cuando una sociedad celebra el atropello porque el acusado le cae mal, est\u00e1 firmando un cheque en blanco para futuros abusos.<\/p>\n<p>La<strong> justicia debe ser firme<\/strong>, pero no teatral. Debe ser <strong>independiente<\/strong>, pero no arrogante. Debe ser <strong>transparente<\/strong>, pero no exhibicionista. Debe hablar con <strong>sentencias<\/strong>, no con filtraciones. Debe <strong>convencer con pruebas<\/strong>, no con aplausos.<\/p>\n<p>Montesquieu comprendi\u00f3 que <strong>el poder necesita l\u00edmites porque todo poder tiende a excederse cuando no encuentra frenos<\/strong>. Esa advertencia sigue viva. El poder pol\u00edtico debe tener l\u00edmites. El poder judicial tambi\u00e9n. El poder medi\u00e1tico tambi\u00e9n. El poder digital tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>Ning\u00fan poder debe actuar sin responsabilidad. Ni siquiera el poder de la palabra.<\/p>\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>La di\u00e1spora tambi\u00e9n juzga<\/strong><\/h2>\n<p>Este debate no se queda en Santo Domingo, Santiago, San Crist\u00f3bal, La Vega o San Pedro de Macor\u00eds. Tambi\u00e9n viaja a Nueva York, Nueva Jersey, Miami, Orlando, Madrid, San Juan y cualquier lugar donde haya un dominicano mirando el pa\u00eds desde una pantalla.<\/p>\n<p>La di\u00e1spora consume la Rep\u00fablica Dominicana en vivo. Ve los programas, recibe los audios, comparte los clips, comenta los casos judiciales, discute los esc\u00e1ndalos y forma opini\u00f3n desde la distancia.<\/p>\n<p style=\"font-size:18px\"><strong>Para millones de dominicanos fuera del pa\u00eds, la naci\u00f3n tambi\u00e9n existe como relato digital.<\/strong><\/p>\n<p>Por eso la calidad de nuestra comunicaci\u00f3n p\u00fablica no solo afecta la pol\u00edtica interna. Tambi\u00e9n afecta la imagen exterior del pa\u00eds. Un ecosistema medi\u00e1tico dominado por rumores, insultos, acusaciones sin pruebas y justicia convertida en espect\u00e1culo proyecta una imagen de fragilidad institucional.<\/p>\n<p>La reputaci\u00f3n de un pa\u00eds no se construye \u00fanicamente con turismo, inversi\u00f3n, playas, hoteles y crecimiento econ\u00f3mico. Tambi\u00e9n se construye con la calidad de su conversaci\u00f3n p\u00fablica.<\/p>\n<p>Un pa\u00eds que habla mal de s\u00ed mismo sin rigor termina da\u00f1\u00e1ndose m\u00e1s de lo que imagina.<\/p>\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>El deber moral de periodistas y comunicadores<\/strong><\/h2>\n<p>Los periodistas y comunicadores dominicanos tienen hoy m\u00e1s poder que nunca. M\u00e1s alcance. M\u00e1s plataformas. M\u00e1s herramientas. M\u00e1s audiencia. M\u00e1s capacidad para fiscalizar, investigar y provocar cambios.<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n tienen m\u00e1s capacidad para equivocarse en grande.<\/p>\n<p>Una informaci\u00f3n falsa ya no muere al d\u00eda siguiente. Queda grabada, compartida, descargada, comentada, indexada y revivida a\u00f1os despu\u00e9s. La palabra p\u00fablica se volvi\u00f3 archivo permanente.<\/p>\n<p>Por eso el oficio exige mayor \u00e9tica. No menor.<\/p>\n<p><strong>M\u00e1s verificaci\u00f3n. M\u00e1s contexto. M\u00e1s prudencia. M\u00e1s rigor. M\u00e1s valent\u00eda. M\u00e1s decencia.<\/strong><\/p>\n<p>\u201c<strong>Moral y luces son nuestras primeras necesidades<\/strong>\u201d, sentenci\u00f3 Sim\u00f3n Bol\u00edvar en el Discurso de Angostura. Su advertencia resuena con fuerza en el ecosistema comunicacional dominicano. Luces nos sobran: redes sociales, estudios de vanguardia, transmisiones globales e inteligencia artificial definen el d\u00eda a d\u00eda. El problema radica en la moral. Sin un compromiso \u00e9tico firme, la tecnolog\u00eda actual no es una gu\u00eda, sino un espejismo digital\u00a0 y desv\u00eda la conversaci\u00f3n p\u00fablica.\u00a0<\/p>\n<p>La comunicaci\u00f3n no debe ser una f\u00e1brica de sospechas. Debe ser una escuela de ciudadan\u00eda.<\/p>\n<p>El periodista no est\u00e1 llamado a complacer a la multitud. Est\u00e1 llamado a servir a la verdad.<br \/>El comunicador no est\u00e1 llamado a incendiar cada ma\u00f1ana. Est\u00e1 llamado a ayudar a entender.<br \/>El medio no est\u00e1 llamado a perseguir clics como quien persigue monedas en una acera. Est\u00e1 llamado a construir confianza.<\/p>\n<p>Y la confianza, una vez rota, no se recompone con un simple \u201caclaramos\u201d.<\/p>\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>La palabra como l\u00e1mpara o como cuchillo<\/strong><\/h2>\n<p>La palabra p\u00fablica puede ser l\u00e1mpara o cuchillo. Puede alumbrar una injusticia o degollar una honra. Puede abrir una investigaci\u00f3n o cerrar una vida. Puede despertar conciencia o alimentar el odio. Puede construir ciudadan\u00eda o intoxicarla.<\/p>\n<p><strong>Esa es la grandeza y el peligro de comunicar.<\/strong><\/p>\n<p>Por eso, cada periodista, cada comunicador, cada opinador, cada director de medio, cada productor, cada editor, cada ciudadano con audiencia deber\u00eda hacerse una pregunta antes de publicar:<\/p>\n<p><strong>\u00bfEsto que voy a decir sirve a la verdad o solo sirve al ruido?<\/strong><\/p>\n<p>Y otra m\u00e1s dif\u00edcil:<\/p>\n<p><strong>\u00bfEstoy informando al pa\u00eds o estoy usando al pa\u00eds como escenario para mi propia influencia?<\/strong><\/p>\n<p>La <strong>libertad de expresi\u00f3n<\/strong> necesita car\u00e1cter. No basta con tener derecho a hablar. Hay que tener grandeza para hacerlo bien. Hay que tener valor para denunciar y humildad para rectificar. Hay que tener coraje para enfrentar al poder y decencia para no aplastar al inocente.<\/p>\n<p>Porque la palabra, cuando se usa sin conciencia, puede convertirse en una forma elegante de violencia.<\/p>\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Cuando el ruido quiera gobernarlo todo<\/strong><\/h2>\n<p>La Rep\u00fablica Dominicana no necesita menos libertad. Necesita m\u00e1s responsabilidad. No necesita una prensa callada. Necesita una prensa m\u00e1s valiente, m\u00e1s seria y m\u00e1s consciente de su poder. No necesita ciudadanos mudos. Necesita ciudadanos capaces de distinguir entre denuncia y difamaci\u00f3n, entre investigaci\u00f3n y espect\u00e1culo, entre justicia y venganza.<\/p>\n<p>La libertad de expresi\u00f3n responsable no consiste en hablar menos. <strong>Consiste en hablar mejor.<\/strong> Consiste en entender que la palabra p\u00fablica no es un juguete de vanidad, ni una piedra para lanzar contra quien piensa distinto, ni una mercanc\u00eda para vender indignaci\u00f3n por pedazos.<\/p>\n<p>La justicia, por su lado, no puede arrodillarse ante el ruido. No puede cambiar pruebas por titulares. No puede convertir al delator en santo ni al acusado en culpable antes de la sentencia. No puede permitir que el pa\u00eds confunda proceso judicial con espect\u00e1culo de temporada.<\/p>\n<p>Porque cuando eso ocurre, la democracia empieza a desgastarse en silencio.<\/p>\n<p>Primero se pierde la confianza.<br \/>Luego se pierde la paciencia.<br \/>Despu\u00e9s se pierde el respeto.<br \/>Y finalmente se pierde algo m\u00e1s grave: <strong>la fe ciudadana en que la verdad todav\u00eda importa.<\/strong><\/p>\n<p>El pa\u00eds debe decidir qu\u00e9 tipo de conversaci\u00f3n quiere tener. Una conversaci\u00f3n que ilumine o una que incendie. Una prensa que investigue o una que entretenga con ruinas ajenas. Una justicia que pruebe o una que negocie relatos. Una ciudadan\u00eda que exige verdad o una multitud que consume esc\u00e1ndalos como si fueran pan caliente.<\/p>\n<p>La pregunta ya no es si tenemos derecho a hablar. Ese derecho existe y debe defenderse siempre.<\/p>\n<p>La pregunta verdadera es m\u00e1s profunda:<\/p>\n<p><strong>\u00bfTenemos la madurez para hablar sin destruir?<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00bfTenemos la valent\u00eda de denunciar sin mentir?<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00bfTenemos la paciencia democr\u00e1tica de esperar pruebas antes de exigir cabezas?<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00bfTienen los medios dominicanos la grandeza de preferir la credibilidad antes que el aplauso f\u00e1cil?<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00bfTiene la justicia la fortaleza institucional para resistir la presi\u00f3n del espect\u00e1culo?<\/strong><\/p>\n<p>Y, sobre todo:<\/p>\n<p><strong>\u00bfEst\u00e1 la Rep\u00fablica Dominicana dispuesta a construir una cultura p\u00fablica donde la verdad pese m\u00e1s que el rumor, donde la libertad sea m\u00e1s grande que el ego y donde la justicia valga m\u00e1s que la venganza?<\/strong><\/p>\n<p>Porque al final, una naci\u00f3n no se mide \u00fanicamente por las voces que deja hablar. Se mide por la responsabilidad con que esas voces hablan.<\/p>\n<p>No se mide \u00fanicamente por los corruptos que acusa. Se mide por la justicia real que es capaz de aplicar.<\/p>\n<p>No se mide \u00fanicamente por el ruido que produce. Se mide por la verdad que logra sostener cuando todos gritan.<\/p>\n<p>Y ah\u00ed, en ese instante decisivo, cuando el esc\u00e1ndalo seduce, cuando el rumor corre, cuando el titular empuja y cuando la multitud exige sangre antes que pruebas, sabremos qu\u00e9 pa\u00eds somos: <strong>uno que usa la palabra para destruir, o uno que todav\u00eda cree que la verdad, aunque llegue m\u00e1s despacio, debe seguir teniendo la \u00faltima palabra.<\/strong><\/p>\n<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay pa\u00edses donde la palabra pesa. En la Rep\u00fablica Dominicana, adem\u00e1s de pesar, la palabra corre. 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