{"id":20977,"date":"2026-02-12T02:15:16","date_gmt":"2026-02-12T02:15:16","guid":{"rendered":"https:\/\/acronoticias.com\/index.php\/2026\/02\/12\/bad-bunny-y-la-batalla-por-la-hegemonia-cultural\/"},"modified":"2026-02-12T02:15:16","modified_gmt":"2026-02-12T02:15:16","slug":"bad-bunny-y-la-batalla-por-la-hegemonia-cultural","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/acronoticias.com\/index.php\/2026\/02\/12\/bad-bunny-y-la-batalla-por-la-hegemonia-cultural\/","title":{"rendered":"Bad Bunny y la batalla por la hegemon\u00eda cultural"},"content":{"rendered":"<div>\n<div class=\"c-detail__author full\">\n<div>\n<div class=\"c-detail__author__thumb\">\n<figure>\n                                <picture src=\"https:\/\/imagenes.hoy.com.do\/files\/image_square_xs\/uploads\/2025\/11\/07\/690dd05e27444.jpeg\" data-size=\"w:40,h:40\">\n                                    <img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" alt=\"Latinoam\u00e9rica21 \" width=\"40\" height=\"40\" src=\"https:\/\/imagenes.hoy.com.do\/files\/image_square_xs\/uploads\/2025\/11\/07\/690dd05e27444.jpeg\"\/>\n                                <\/picture>\n                                <\/figure>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>                                                                                            <!-- --><\/p>\n<p class=\"paragraph\">En medio del espect\u00e1culo m\u00e1s pulido, comercial y estadounidense por excelencia \u2013el <b>Super Bowl<\/b>\u2013, un puertorrique\u00f1o vestido como un <b>vendedor ambulante<\/b> de Harlem se subi\u00f3 a un auto destartalado y, sin pedir permiso, tom\u00f3 el micr\u00f3fono. No vino a asimilarse o a sonre\u00edr, ni tampoco para agradecer la oportunidad. Vino a montar una barriada completa en medio de una cancha de futbol americano, a servir copas en una tiendita, a recordar las manos sangrantes de la zafra y a hacer perrear a 134 millones de personas. <b>Bad Bunny <\/b>no solo ofreci\u00f3 un show; deton\u00f3 un acto de insubordinaci\u00f3n cultural perfectamente coreografiado, un manifiesto pol\u00edtico envuelto en reggaet\u00f3n que dej\u00f3 al descubierto las heridas de una Am\u00e9rica Latina migrante y desat\u00f3 la ira predecible de una derecha en plena ofensiva geopol\u00edtica y dom\u00e9stica.<\/p>\n<p class=\"paragraph\">Este no fue un mero entretenimiento. Fue la punta de lanza de una batalla por la hegemon\u00eda, en el sentido m\u00e1s gramsciano del t\u00e9rmino. Mientras Donald Trump y sus c\u00f3mplices vociferan con el mayor desprecio en redes sociales, millones de latinos, desde abuelos en Miami y Chicago, hasta j\u00f3venes en California y Nueva York se reconoc\u00edan en cada detalle de esa escenograf\u00eda. El mensaje fue claro y confrontacional: esta es nuestra historia, esta es nuestra m\u00fasica, este es tambi\u00e9n nuestro pa\u00eds, y no necesitamos su aprobaci\u00f3n para cantar y bailar, para existir.<\/p>\n<p class=\"paragraph\"><b>Del perreo a la sinfon\u00eda urbana: la evoluci\u00f3n art\u00edstica de un g\u00e9nero marginal.<\/b><\/p>\n<p class=\"paragraph\">Durante d\u00e9cadas, las \u00e9lites culturales \u2013incluyendo muchas dentro de la propia Am\u00e9rica Latina\u2013 despreciaron el reggaet\u00f3n. Se les tach\u00f3 de simples, repetitivos, vulgares, limitados a expresiones sexuales expl\u00edcitas y prendas ostentosas. El show de Bad Bunny elev\u00f3 el lenguaje del callej\u00f3n a una \u00e9pica visual y sonora. No abandon\u00f3 el perreo; lo puso a dialogar con la historia.<\/p>\n<p class=\"paragraph\">El momento m\u00e1s sublime y pol\u00edtico fue la transici\u00f3n. Mientras las coristas bailaban salsa en un elegante descapotable rojo, Bad Bunny, en el centro, impon\u00eda un ritmo cavernoso y percusivo. No era una mezcla; era una conversaci\u00f3n generacional con la salsa, ese g\u00e9nero creado por migrantes caribe\u00f1os y puertorrique\u00f1os en los barrios neoyorquinos de los 70. El reggaet\u00f3n es el nieto rebelde, digital y callejero. Juntos en ese escenario, dibujaron un linaje ininterrumpido de resistencia sonora. Fue la respuesta art\u00edstica a una pregunta nunca hecha: \u201c\u00bfDe d\u00f3nde viene esto?\u201d. El reggaetonero dijo desafiante: de nosotros. De nuestra capacidad de crear belleza en la adversidad.<\/p>\n<p class=\"paragraph\">Este salto cualitativo no es inocente. Demuestra que artistas que nacieron en los barrios marginados de San Juan en Puerto Rico o de Panam\u00e1 tienen la capacidad, la complejidad y la profundidad para crear y recrear musicalmente sus vivencias pasadas y presentes en el mero centro del imperio y contar, desde ah\u00ed, su propia versi\u00f3n de la historia. Ya no es la m\u00fasica que suena casualmente en la fiesta; es la m\u00fasica que da sentido a la celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"paragraph\"><b>La casita, la tiendita y la zafra: el diccionario visual de la migraci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p class=\"paragraph\">Cualquier latino que haya crecido en una ciudad estadounidense reconoci\u00f3 instant\u00e1neamente ese escenario. No era una fantas\u00eda; era la memoria colectiva hecha escenograf\u00eda. La casita puertorrique\u00f1a con sus tejas y colores: no es una caba\u00f1a pintoresca, es el sue\u00f1o de la casa propia, el n\u00facleo de la familia extendida, el pedazo de la isla reconstruido en el Bronx o en Orlando.<\/p>\n<p class=\"paragraph\">Las sillas plegables de metal: el mueble universal de las fiestas en el garaje, del cumplea\u00f1os de la abuela, del ni\u00f1o que se duerme a las 3 a.m. mientras los adultos siguen bailando. Es la silla de la comunidad f\u00e1cil de acomodar y mover porque el espacio interior es peque\u00f1o, pero las ganas de hacer fiesta son muy grandes.<\/p>\n<p class=\"paragraph\">El poste de luz en la esquina del barrio, el testigo de los juegos infantiles, los amores furtivos y las conversaciones hasta tarde. El punto de referencia en un mapa emocional. Un poste que se apaga cada semana por la incompetencia de las autoridades.<\/p>\n<p class=\"paragraph\">La tiendita de To\u00f1ita: este fue un detalle nuclear. To\u00f1ita, due\u00f1a del \u201cTo\u00f1ita\u2019s Sports Bar &amp; Grill\u201d en el barrio Williamsburg de Brooklyn, es una leyenda viva. Su negocio, por d\u00e9cadas, ha sido mucho m\u00e1s que un bar: es un centro comunitario, una oficina de asistencia social no oficial, un refugio. Verla all\u00ed, sirvi\u00e9ndole un trago a Bad Bunny, era canonizar la figura de la matriarca comunitaria, la que sostiene la red invisible que el sue\u00f1o americano desconoce e ignora.<\/p>\n<p class=\"paragraph\">La zafra: el golpe m\u00e1s duro y po\u00e9tico. Los hombres con machetes, el sudor y el esfuerzo agr\u00edcola. Es el recuerdo del origen, de la explotaci\u00f3n colonial que forz\u00f3 migraciones masivas. Una letra que parec\u00eda decir: \u201cAntes de que nuestro ritmo llenara tus estadios, nuestras manos llenaron tus tazas de az\u00facar\u201d.<\/p>\n<p class=\"paragraph\">Y luego, la culminaci\u00f3n: el desfile de banderas. No solo la puertorrique\u00f1a, sino las de toda Am\u00e9rica Latina. El mensaje era una bofetada a la idea de \u201cAm\u00e9rica\u201d como propiedad exclusiva de un pa\u00eds. Este continente tiene muchos nombres, muchas historias, y todas ellas est\u00e1n aqu\u00ed, caminando por un campo de futbol americano. Es la reclamaci\u00f3n de un hemisferio entero dentro de las fronteras del que se apropi\u00f3 su nombre.<\/p>\n<p class=\"paragraph\"><b>La rabia del poder: por qu\u00e9 Trump y su corte reaccionaron con odio visceral<\/b><\/p>\n<p class=\"paragraph\">Las reacciones no se hicieron esperar. Donald Trump, en su plataforma Truth Social, lo calific\u00f3 de \u201chorrible\u201d y \u201cla peor actuaci\u00f3n de la historia\u201d. Comentaristas de Fox News hablaron de \u201cbasura\u201d, \u201cvulgaridad\u201d y un \u201cataque a los valores americanos\u201d. No criticaron la afinaci\u00f3n o la coreograf\u00eda (una cr\u00edtica est\u00e9tica leg\u00edtima). Su ataque provino de sus entra\u00f1as, cargado de adjetivos \u00e1cidos y un desprecio que delataba p\u00e1nico.<\/p>\n<p class=\"paragraph\">\u00bfPor qu\u00e9 este miedo? Porque entendieron el mensaje mejor que nadie. Bad Bunny no estaba pidiendo un lugar en la mesa. Estaba sacudiendo la mesa y mostrando que millones ya estaban sentados en ella, comiendo su propia comida, hablando su propio idioma. El show fue un acto de hegemon\u00eda en tiempo real: la toma del s\u00edmbolo supremo del deporte comercial estadounidense para narrar una historia contraria a la del \u201cMake America Great Again\u201d. Una historia de diversidad, de resistencia migrante, de orgullo racial y de alegr\u00eda como arma pol\u00edtica.<\/p>\n<p class=\"paragraph\">La reacci\u00f3n iracunda prueba que el golpe fue certero. Gramsci dir\u00eda que la \u201ctrinchera\u201d cultural fue asaltada con \u00e9xito. No es una guerra de tanques, es una guerra de significados. Y en esa noche, el significado de \u201camericano\u201d se ampli\u00f3 violentamente, y a algunos reaccionaron por poderosas razones.<\/p>\n<p class=\"paragraph\"><b>Abuelos perreando: la expansi\u00f3n del p\u00fablico y la emoci\u00f3n colectiva<\/b><\/p>\n<p class=\"paragraph\">Un mito se derrumb\u00f3: que el perreo es solo para la generaci\u00f3n Z. Las c\u00e1maras captaron a madres, padres y abuelos movi\u00e9ndose y agit\u00e1ndose en las gradas. En casas por todo el continente, familias enteras cantaron \u201cTit\u00ed Me Pregunt\u00f3\u201d y reconocieron la casita de la abuela a trav\u00e9s de las im\u00e1genes de la m\u00e1s sofisticada tecnolog\u00eda.<\/p>\n<p class=\"paragraph\">La emotividad desatada no era por la fama de Bad Bunny, sino por el acto de reconocimiento. Por primera vez en un escenario de ese calibre, la experiencia migrante latina no era el chiste, el estereotipo o el fondo ex\u00f3tico. Era el protagonista absoluto, con toda su textura: la nostalgia, el esfuerzo, la comunidad, la fiesta como catarsis. Ese llanto era la sorpresa de sentirse visto en plenitud, sin filtros ni pedir disculpas. El reggaet\u00f3n, as\u00ed, complet\u00f3 su ciclo: de m\u00fasica de cuarto oscuro a himno generacional transversal, capaz de unir a la di\u00e1spora en un solo grito de pertenencia.<\/p>\n<p class=\"paragraph\"><b>M\u00e1s all\u00e1 del show: el amanecer de una narrativa<\/b><\/p>\n<p class=\"paragraph\">\u00bfConstituye esto una narrativa alternativa a la de Trump? Creo que va m\u00e1s all\u00e1; es su ant\u00edtesis en \u201ctiempo real\u201d y su mayor pesadilla. Todo ello por diversas razones, cada una de las cuales puede ser ampliamente debatida y enriquecida:<\/p>\n<p class=\"paragraph\">Esta narrativa genera una respuesta emotiva poderosa. Mientras Trump moviliza con el miedo y la nostalgia de un pasado blanco imaginario, esta narrativa moviliza con el amor, la alegr\u00eda combativa y la nostalgia de un origen real y compartido. <b>Adem\u00e1s abarca un tiempo hist\u00f3rico, conecta el pasado agr\u00edcola colonial<\/b>, el presente urbano migrante y proyecta un futuro de uni\u00f3n latino-americana (las banderas). Una epopeya en 12 minutos.<\/p>\n<p class=\"paragraph\">Este discurso fue tambi\u00e9n decodificable al instante para su comunidad: cada s\u00edmbolo era una palabra en un idioma que 63 millones de latinos en EE.UU. entienden perfectamente. No hubo necesidad de traducci\u00f3n. Y a su vez, provoc\u00f3 una reacci\u00f3n del adversario: la furia de la derecha es el certificado de autenticidad de su poder disruptivo.<\/p>\n<p class=\"paragraph\">Finalmente, defini\u00f3 el campo de batalla. De un lado, el nacionalismo excluyente, blanco y nost\u00e1lgico. Del otro, el archipi\u00e9lago latino diverso, mestizo, multicolor, que proclama que \u201cel amor es m\u00e1s fuerte que el odio\u201d, el lema final que deslumbr\u00f3 en las grandes pantallas del estadio.<\/p>\n<p class=\"paragraph\">El <b>halftime <\/b>show de Bad Bunny fue mucho m\u00e1s que un concierto. Fue la toma de la Bastilla cultural. Demostr\u00f3 que la verdadera fuerza no est\u00e1 siempre en el poder pol\u00edtico formal, sino en la capacidad de contar la historia que millones viven. Y esa <b>historia<\/b>, contada a trav\u00e9s del arte de la m\u00fasica y la danza es imparable. Esta batalla por la hegemon\u00eda se presenta como decisiva en una guerra que empez\u00f3 con fuerza a inicios de este siglo, y que una d\u00e9cada antes la hab\u00eda anunciado Samuel Huntington en su libro Choque de Civilizaciones.<\/p>\n<p class=\"paragraph\"><i>Jes\u00fas Tovar es Profesor e Investigador del Centro de Investigaci\u00f3n en Ciencias Sociales y Humanidades (CICSyH) de la Universidad Aut\u00f3noma del Estado de M\u00e9xico (UAEMEX).<\/i><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En medio del espect\u00e1culo m\u00e1s pulido, comercial y estadounidense por excelencia \u2013el Super Bowl\u2013, un puertorrique\u00f1o vestido como un vendedor ambulante de Harlem se subi\u00f3 a un auto destartalado y, sin pedir permiso, tom\u00f3 el micr\u00f3fono. No vino a asimilarse o a sonre\u00edr, ni tampoco para agradecer la oportunidad. 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