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Médico Forense Sarita Valdez desmiente la existencia de “reflejos post mortem”

El reconocido médico forense, Dr. Sergio Sarita Valdez, ha intervenido en el debate público para ofrecer una aclaración científica definitiva sobre el fenómeno ocurrido recientemente en Villa Riva, provincia Duarte. Ante los testimonios de familiares que aseguraron haber visto a un joven fallecido abrir los ojos y mover una mano durante su velatorio, el experto fue categórico: desde el punto de vista de la medicina legal y la neurología, los llamados «reflejos post mortem» no existen.

Para el Dr. Sarita Valdez, la clave reside en la definición biológica del deceso. La muerte no es un evento ambiguo, sino el cese absoluto y definitivo de toda actividad neurológica. Bajo esta premisa, el especialista argumenta que si un cuerpo presenta cualquier tipo de respuesta motora o actividad nerviosa, la persona, por definición técnica, no ha cruzado el umbral de la muerte cerebral total. «Si hay actividad neurológica y se está moviendo, esa persona no está muerta», sentenció el facultativo.

El análisis del forense se apoya en la fisiología básica del movimiento humano. Para que un músculo logre contraerse o desplazarse, requiere de una señal eléctrica enviada por los nervios y coordinada por el cerebro. Una vez que se certifica la muerte nerviosa cerebral, se corta la comunicación entre el centro de mando y el sistema muscular. Por tanto, es biológicamente imposible que un cadáver emita órdenes de movimiento, ya que los canales de información están desactivados permanentemente.

No obstante, el Dr. Sarita Valdez reconoció que existen estados clínicos complejos que pueden confundir a los familiares y observadores. Condiciones como el coma profundo o la catalepsia pueden simular un estado de muerte aparente, donde los signos vitales son casi imperceptibles, pero la actividad cerebral no ha cesado por completo. En estos casos excepcionales, podrían producirse movimientos aislados, pero esto solo confirmaría que la muerte cerebral total aún no ha ocurrido, diferenciándose claramente de un cadáver real.

Finalmente, con una trayectoria que se remonta a 1961, el doctor enfatizó que en sus décadas de experiencia forense nunca ha presenciado un fenómeno de movimiento en un cuerpo clínicamente muerto. Aunque se mantiene abierto a los avances de la ciencia y a los nuevos descubrimientos en el área, reafirmó que las leyes de la biología actual no dan margen a la interpretación de movimientos voluntarios o reflejos en un organismo donde la vida cerebral se ha extinguido.

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