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EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO.- A pesar de los importantes avances que se observan en el mundo en los sectores clave para el desarrollo de los pueblos, la educación, que es el principal motor para impulsar los mecanismos que mejoren las condiciones de vida de la población, sigue sumida en un lamentable atraso.
Esto se manifiesta cuando el Banco Mundial, en su más reciente informe, reseña que el 40 por ciento de la población infantil con edades de 3 a 6 años no tiene acceso a la educación preescolar, situación que se convierte en un duro golpe para el desarrollo de un ser humano al momento de ingresar al sistema educativo.
El organismo financiero internacional asegura que la educación es un derecho humano, un importante motor del desarrollo y uno de los instrumentos más eficaces para reducir la pobreza, mejorar la salud y lograr la igualdad de género, la paz y la estabilidad.
La educación es el factor más importante para alcanzar el desarrollo y los avances tecnológicos, como se ha demostrado en sectores de gran impacto en la salud humana, como la medicina, la comunicación, el campo de la agropecuaria y otros segmentos de vital importancia para que un país alcance el desarrollo.
En el caso de la República Dominicana, son muchos los recursos que se destinan al sector educación y, a pesar de ser el sector del Gobierno que cuenta con el mayor presupuesto, importantes sectores del país a diario lanzan denuncias de que el sistema educativo no anda por buen camino.
Si se pudiera lograr una buena educación, se generarían grandes y constantes beneficios en términos de ingresos, por tratarse del factor más importante para garantizar la igualdad y la inclusión entre los principales segmentos de la población de un país.
“En el caso de las personas, promueve el empleo, los ingresos, la salud y la reducción de la pobreza. A nivel mundial, los ingresos por hora aumentan un 9 % por cada año adicional de escolarización. En el caso de las sociedades, contribuye al desarrollo económico a largo plazo, promueve la innovación, fortalece las instituciones y fomenta la cohesión social”, dice el Banco Mundial.
Agrega que la educación es un poderoso catalizador de la acción climática a través de un cambio generalizado de comportamiento y la capacitación para las transiciones verdes, y que los países en desarrollo han conseguido enormes avances en materia de asistencia a clases, y la cantidad de niños escolarizados ha aumentado en todo el mundo. No obstante, tal como se pone de relieve en el Informe sobre el desarrollo mundial 2018, el aprendizaje no está garantizado.
Realizar inversiones inteligentes y eficaces en la educación de las personas resulta imprescindible para desarrollar el capital humano con el que se pondrá fin a la pobreza extrema. Esta estrategia se centra primordialmente en la necesidad de abordar la crisis del aprendizaje, poner fin a la pobreza de aprendizajes y ayudar a los jóvenes a adquirir las habilidades cognitivas, socioemocionales, técnicas y digitales avanzadas que necesitan para prosperar en el mundo actual.
En los países de ingreso bajo y mediano, la proporción de niños que viven en situación de pobreza de aprendizajes, es decir, la proporción de niños de 10 años que no pueden leer ni comprender un texto breve apropiado para su edad, aumentó del 57 % antes de la pandemia a aproximadamente el 70 % en 2022.
El organismo internacional agrega que por esto último existe una crisis del aprendizaje. Más de 70 millones de personas cayeron en la pobreza durante la pandemia de la COVID-19, mil millones de niños perdieron un año de escolaridad y, tres años después, las pérdidas de aprendizaje sufridas no se han recuperado. Si los niños no pueden comprender un texto a los 10 años, es poco probable que lleguen a leer con fluidez, no prosperarán más adelante en la escuela y no podrán impulsar sus carreras profesionales ni las economías de sus países una vez finalicen la escuela.
Se proyecta que los efectos de la pandemia serán duraderos. Análisis ya han revelado profundas pérdidas, con un descenso de las puntuaciones de lectura internacionales de más de un año de escolarización entre 2016 y 2021. Estas pérdidas pueden traducirse en una reducción de 0.68 puntos porcentuales en el crecimiento del PIB mundial. Los impactos descomunales del cierre de escuelas van más allá del aprendizaje.
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