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REDACCIÓN DE CENDOESCH.- En la tercera década del siglo XXI, el poder de las naciones ya no se mide únicamente por el tamaño de sus ejércitos o sus reservas de oro, sino por la cantidad de transistores que pueden empaquetar en unos pocos milímetros cuadrados de silicio. Los microprocesadores se han convertido en el «petróleo del futuro», impulsando no solo la economía digital, sino también la seguridad nacional y la innovación tecnológica.
Esta realidad ha desatado una guerra fría tecnológica entre Occidente —liderado por Estados Unidos— y una China decidida a romper su dependencia externa, creando lo que algunos analistas llaman un «Nuevo Telón de Acero Digital». Esta contienda no es solo económica; es un choque de visiones geopolíticas donde el control de los semiconductores determina el dominio en campos como la inteligencia artificial (IA), la ciberseguridad y la defensa militar. A medida que avanzamos hacia 2026, esta carrera se intensifica, con avances chinos que desafían las expectativas occidentales y políticas de contención que evolucionan bajo nuevas administraciones.
-El silicio como arma geopolítica
La hegemonía de Occidente en la industria de los semiconductores ha sido, hasta hace poco, indiscutible. Gracias a una red de alianzas que conecta el diseño estadounidense (Nvidia, Intel, AMD), la maquinaria neerlandesa (ASML) y la manufactura taiwanesa (TSMC), el bloque occidental mantuvo el control sobre los nodos más avanzados. Estos chips no solo alimentan smartphones y computadoras; son el cerebro de los misiles hipersónicos, los sistemas de vigilancia masiva, los centros de datos para IA y hasta los vehículos autónomos. Por ejemplo, un solo chip avanzado puede procesar billones de operaciones por segundo, habilitando avances en machine learning que revolucionan industrias enteras.
Históricamente, esta dominancia se remonta a la posguerra, cuando Estados Unidos impulsó la innovación a través de inversiones en Silicon Valley y alianzas con socios como Japón y Europa. Sin embargo, para Beijing, esta dependencia representaba una «vulnerabilidad estratégica». El plan Made in China 2025, lanzado en 2015, fue la señal de alerta que despertó a Washington. Este ambicioso programa buscaba lograr la autosuficiencia en tecnologías clave, incluyendo semiconductores, mediante subsidios masivos, adquisición de talento global y desarrollo de capacidades locales. Como respuesta, Estados Unidos inició una serie de restricciones de exportación diseñadas para asfixiar la capacidad de China de fabricar o adquirir tecnología de vanguardia, argumentando preocupaciones por la seguridad nacional y el uso militar de estos avances. Estas medidas se intensificaron bajo la administración Trump en 2018-2020, y continuaron con Biden, culminando en controles más estrictos en octubre de 2022 y octubre de 2023.
Para 2024-2025, se añadieron prohibiciones adicionales, incluyendo restricciones a herramientas de diseño de chips y materiales clave. No obstante, estos esfuerzos no han detenido por completo el progreso chino; al contrario, han acelerado la inversión interna.

-El «Caso Huawei»: de la sanción al resurgimiento dentro de esta contienda
Ninguna empresa simboliza mejor el conflicto que Huawei. En 2019, la administración Trump incluyó a la compañía en la «Lista de Entidades», cortándole el acceso a los servicios de Google y, lo que es más crítico, a la tecnología de fabricación de chips estadounidense. Occidente esperaba que este movimiento fuera el golpe de gracia para el gigante de Shenzhen, limitando su capacidad para producir dispositivos 5G y smartphones de alta gama.
No obstante, lo que ocurrió fue lo opuesto a una rendición. Forzada a la autarquía, Huawei se convirtió en el «campeón nacional» del esfuerzo bélico tecnológico de China. La empresa no solo desarrolló su propio sistema operativo, HarmonyOS, para sustituir a Android —que para 2023 ya corría en millones de dispositivos—, sino que sorprendió al mundo en 2023 con el lanzamiento del procesador Kirin 9000S, fabricado íntegramente en China mediante procesos que los expertos occidentales consideraban imposibles bajo sanciones. Este chip, producido por Semiconductor Manufacturing International Corporation (SMIC) en un nodo de 7 nanómetros, demostró la resiliencia china.
Es necesario destacar que el caso Huawei demostró que las sanciones, lejos de detener el avance, actuaron como un catalizador para la inversión estatal masiva en investigación y desarrollo local. Según estimaciones, China invirtió más de 100 mil millones de dólares en su industria de semiconductores entre 2020 y 2025, fomentando ecosistemas locales que incluyen universidades, startups y fondos estatales. Para junio de 2025, Huawei presentó una nueva laptop con un semiconductor fabricado localmente, destacando cómo las restricciones han impulsado la innovación interna.
-Avances Chinos en la Era de las Sanciones
Más allá de Huawei, China ha logrado hitos significativos. SMIC, el principal fabricante chino, anunció la producción en masa de chips de 7nm en 2023, y para 2026 se proyecta que China se convierta en la mayor fuente mundial de capacidad de obleas IC. Además, en enero de 2026, China completó un prototipo funcional de una máquina de litografía ultravioleta extrema (EUV), tecnología clave para chips sub-5nm que ASML monopolizaba. Esto representa un avance crucial, ya que las sanciones occidentales habían bloqueado el acceso a estas máquinas. El mercado de equipos semiconductores en China alcanzó un récord de 34.2 mil millones de dólares en 2023, capturando el 30.3% del share global. Para 2025, el mercado chino de semiconductores creció a 393 mil millones de dólares, impulsado por la IA y la demanda interna. El Plan Quinquenal 2026-2030 enfatiza cinco pilares: innovación en IA, ecosistemas integrados, autosuficiencia en herramientas (alcanzando el 50% doméstico en 2026) y expansión en materiales avanzados como carburo de silicio (SiC), donde China vio un crecimiento significativo en 2023. Estos esfuerzos posicionan a China no solo como consumidor, sino como innovador global.
-El Intento de Frenar al Gigante
La estrategia de Occidente ha sido la de aplicar un «bloqueo de precisión». Al prohibir la venta de máquinas de litografía ultravioleta extrema (EUV) —máquinas producidas exclusivamente por la empresa holandesa ASML y necesarias para chips de 5 nanómetros o menos—, Estados Unidos intentó congelar a China en una generación tecnológica anterior. A esto se sumaron leyes como la CHIPS Act de 2022, que destinó 52 mil millones de dólares en subsidios para repatriar la fabricación de semiconductores a suelo estadounidense, atrayendo inversiones de TSMC e Intel para fábricas en Arizona y Ohio. La intención es clara: mantener a China al menos dos o tres generaciones por detrás de Occidente en potencia de cómputo, limitando así su ventaja militar y económica. Sin embargo, bajo la administración Trump en 2025, se observaron algunos alivios: en julio de 2025, se levantaron restricciones a software de diseño de chips, y en enero de 2026, se permitió a Nvidia vender chips H200 a China, aunque informes indican que China ya no muestra interés, optando por soluciones locales. Expertos como David Sacks advirtieron en junio de 2025 que China está a lo sumo dos años atrás en diseño de semiconductores.
-Implicaciones Globales y Perspectivas Futuras
Esta guerra tiene ramificaciones mundiales. La vulnerabilidad de la cadena de suministro, exacerbada por tensiones en Taiwán, ha impulsado diversificaciones: Europa con su European Chips Act, y países como India y Vietnam emergiendo como alternativas. Para la economía global, un desacoplamiento total podría elevar costos y ralentizar la innovación, pero también fomentar una competencia saludable. Hacia 2026, China lidera en capacidad de producción, proyectando un mercado de 295 mil millones de dólares para 2030.
Sin embargo, persisten desafíos: dependencia de talento extranjero y eficiencia energética. Occidente, meanwhile, debe equilibrar seguridad con comercio; el levantamiento parcial de sanciones sugiere que el «desacoplamiento» podría evolucionar a un «derisking» selectivo. Esta carrera por el trono de los microprocesadores redefine el orden mundial. China, impulsada por determinación estatal, cierra la brecha, mientras Occidente ajusta estrategias. El resultado no solo determinará líderes tecnológicos, sino el futuro de la humanidad digital.
*Cendoesch, es el Centro Dominicano de Estudios sobre China. El presente trabajo se auxilió de la IA para recabar datos de diversas fuentes.
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