Por Kenny Cabrera, en Especial para RNN 

En San Pedro de Macorís, Violeta Pérez abre una videollamada para hablar de dinero. Al otro lado de la pantalla, desde Santo Domingo, una colaboradora de la Asociación Popular de Ahorros y Préstamos (APAP) la orienta sobre su presupuesto familiar. Ambas participan en una mentoría financiera de Un Techo por Nuestra Gente, una iniciativa que acompaña a colaboradores en el camino hacia su primera vivienda.

«Realmente me ha servido para organizarse financieramente en mi hogar», cuenta Pérez. La conversación, apoyada en herramientas digitales, busca convertir una aspiración concreta —comprar una casa— en decisiones posibles: revisar gastos, ordenar ingresos y prepararse para un compromiso hipotecario.

Elaidis Martina, gerente de Formalización y Desembolso de APAP, lleva dos sesiones como mentora financiera virtual. La experiencia le ha sorprendido por su cercanía: «No voy a negar la parte humana de sentirse, de verse, pero en esta ocasión, pues no es tan distante». Y la resume en pocas palabras: «Una experiencia distinta, pero sincera».

La escena resume una transformación discreta del voluntariado: una persona puede compartir conocimientos con otra sin desplazarse hasta su comunidad. «El voluntariado virtual viene a resolver un reto que teníamos como voluntariado, y es el de la distancia puntualmente», afirma Alexander Feliz Ogando, gerente de inversión bancaria de APAP. La entidad informa de más de 550 colaboradores vinculados a su voluntariado corporativo, una cifra que reúne actividades presenciales y remotas y, por tanto, no permite calcular cuántos hacen voluntariado virtual.

Una práctica que crece, pero todavía se mide poco

Para este reportaje se consultó a 14 empresas sobre la incorporación de actividades a distancia en sus programas de voluntariado. Entre las experiencias identificadas figuran APAP, Banco BHD, Asociación Cibao de Ahorros y Préstamos, Nestle Dominicana y Grupo Humano. La información aportada por las entidades permite describir iniciativas, pero no construir una estimación representativa del conjunto del sector empresarial dominicano.

Banco BHD señala que alrededor del 60% de sus horas de mentoría y asesoría profesional se realizan en línea. Sus colaboradores acompañan a emprendedoras y líderes comunitarias en asuntos financieros, jurídicos y de comunicación. Según la entidad, esta modalidad cobró forma durante la pandemia, vinculada a su trabajo con el reconocimiento Mujeres que Cambian el Mundo. Asociación Cibao también reporta talleres virtuales para organizaciones sin fines de lucro sobre redes sociales, diseño gráfico, fiscalidad y liderazgo, aunque no facilitó un porcentaje de actividad remota.

El impulso tras el Covid-19 tiene reflejo en los registros internacionales. El programa de Voluntarios de las Naciones Unidas (VNU) informa que sus organizaciones asociadas solicitaron 32.541 puestos de voluntariado en línea en 2025, frente a 22.962 en 2024: un incremento aproximado del 42%. Se trata de solicitudes publicadas, no de personas efectivamente incorporadas ni de misiones concluidas. El mismo organismo documenta que voluntarios a distancia ayudaron a cartografiar 50.000 caminos rurales de Guatemala, repartidos en 22 departamentos.

La empresa canadiense Benevity, líder mundial en gestión de voluntariado corporativo, aporta otra perspectiva. Su informe State of Corporate Volunteering 2026, basado en datos agregados de su plataforma entre 2019 y 2025, registra un aumento del 175% en las horas aprobadas de voluntariado corporativo, hasta 23,7 millones en 2025. La media anual por persona descendió de 16,4 a 12,7 horas. Y hay un dato directamente relacionado con la modalidad remota: las oportunidades virtuales representaron el 26% de las horas registradas en 2019, llegaron al 75% en 2020 y 2021 y se situaron en el 50% en 2024 y 2025. Son datos de las organizaciones usuarias de Benevity, no una medición de todo el voluntariado mundial.

No todo lo digital es voluntariado virtual

«El voluntariado virtual no reemplaza al presencial, pero abre oportunidades», sostiene Alicia Butler, fundadora de LEAD Lab, una plataforma dominicana que vincula iniciativas sociales con personas dispuestas a colaborar. La joven emprendedora utiliza el software GivePulse para gestionar actividades y registrar horas. Según explica, Grupo Humano ha contabilizado más de 2.500 horas de servicio mediante esa plataforma. Pero registrarlas en internet no significa que se hayan realizado a distancia: parte de las acciones fueron presenciales.

La diferencia es fundamental. Una jornada de limpieza convocada por una aplicación sigue siendo voluntariado presencial. En cambio, diseñar materiales educativos, traducir documentos, impartir una mentoría por videollamada o gestionar las redes sociales de una organización sin salir de casa son ejemplos de tareas que pueden ejecutarse íntegramente en línea.

Butler recuerda el trabajo de tres jóvenes que apoyaron de forma remota las redes sociales de LEAD Lab. «Nunca nos juntamos en persona», dice. Su experiencia muestra que las horas de servicio comunitario también pueden traducirse en aportes digitales concretos, siempre que existan tareas definidas y acompañamiento.

Un estudio encargado por el Departamento de Cultura, Medios y Deporte del Reino Unido, publicado en febrero de 2025, ayuda a poner límites al entusiasmo tecnológico. La investigación, desarrollada por un consorcio encabezado por Basis Social, revisó literatura y herramientas digitales y realizó 39 entrevistas cualitativas entre agosto de 2023 y febrero de 2024. Encontró que estas herramientas pueden ampliar el alcance de las convocatorias, ahorrar tiempo y ofrecer flexibilidad, pero también identificó barreras para aprovechar esos beneficios. El estudio examina el uso de tecnología en distintas fases del voluntariado en Inglaterra: no debe interpretarse como una medición exclusiva del trabajo voluntario completamente remoto.

Talento dominicano, incluso desde el extranjero

El Centro Nacional de Fomento y Promoción de las Asociaciones sin Fines de Lucro (CASFL) también ha recurrido al servicio de voluntariado en línea de Naciones Unidas. «Abrimos cuatro convocatorias en la página oficial de la ONU para solicitar voluntariados a nivel virtual», explica Leonardo Mateo, vinculado al desarrollo de proyectos de la institución. Una dominicana residente en Italia, por ejemplo, colaboró en la creación de contenidos digitales. La distancia dejó de ser un impedimento para aportar conocimientos al país.

Sin embargo, conectarse no es lo mismo que poder participar en igualdad de condiciones. La colaboración remota exige dispositivos, acceso estable a internet, competencias digitales y organizaciones capaces de coordinar el trabajo.

Desde la Oficina Gubernamental de Tecnologías de la Información y Comunicación (OGTIC), Leo Mercedes Suero, director de Relaciones Interinstitucionales e Internacionales de la entidad, explica que aún deben determinar qué municipios pueden recibir capacitaciones virtuales dentro de la colaboración con la organización española Fundación Cibervoluntarios. La decisión requiere conocer tanto la conectividad como las habilidades disponibles en cada territorio.

«Lo que necesitamos a nivel de país es que las competencias digitales sean gratuitas y universales, y en esto debemos trabajar todos de manera coordinada», afirma Belén Sánchez, de Fundación Cibervoluntarios. La advertencia pone el foco en quienes suelen quedar fuera de las iniciativas digitales: personas con menos recursos, equipos compartidos o escasa formación tecnológica.

Pero la solidaridad digital también necesita infraestructura. En República Dominicana, la expansión de la fibra óptica busca llegar a comunidades históricamente desconectadas. El Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (Indotel) puso en marcha un proyecto en nueve provincias del sur, con una población beneficiaria prevista de casi 145,000 personas. Para febrero de 2026, el organismo reportaba unos 16,000 hogares conectados. El desafío va más allá de tender cables: sin acceso asequible a internet y sin las habilidades necesarias para utilizarlo, el voluntariado virtual corre el riesgo de dejar fuera precisamente a quienes más podrían beneficiarse de él.

La privacidad es otra condición del voluntariado a distancia. Reyson Lizardo, director de Transformación Digital Gubernamental de OGTIC, advierte de la necesidad de proteger los datos personales y obtener el consentimiento de quienes reciben apoyo. Una mentoría financiera, por ejemplo, puede involucrar información sensible sobre ingresos, deudas y hábitos de consumo. Digitalizar la ayuda sin reglas claras de protección puede crear riesgos nuevos para las personas a las que se pretende beneficiar.

Para Julia Tavares-Bucher, vinculada a la Secretaría Técnica de la Red de Voluntariado SERVIR, el valor de estas iniciativas no se agota en la conexión. «La transferencia de habilidades, entiendo que es cuando un voluntario o una empresa enseña a otro a hacer algo para que esa persona después lo pueda hacer por sí solo». La autonomía que queda después de la pantalla es una medida de impacto más exigente que el número de videollamadas realizadas.

El desafío de contar lo que sucede

República Dominicana todavía carece, en las fuentes examinadas para este texto, de una medición nacional verificable que permita conocer cuántas personas hacen voluntariado enteramente virtual, cuántas combinan formatos y qué resultados consiguen. Sin esa distinción, sumar horas coordinadas mediante plataformas a horas realmente trabajadas a distancia puede inflar la dimensión del fenómeno.

La experiencia de Violeta Pérez sugiere por qué merece la pena medirlo mejor. Una conversación desde dos ciudades diferentes puede ayudar a organizar las finanzas de un hogar; una colaboración desde Italia puede fortalecer la comunicación de una institución dominicana. Pero la promesa del voluntariado virtual dependerá menos de multiplicar plataformas que de garantizar acceso, acompañamiento, seguridad y resultados duraderos.

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