Trujillo ordenó el asesinato de seis personas en el extranjero, pero tan solo en el caso de Jesús de Galíndez el mandato fue de capturarlo y traerlo vivo para matarlo en el país. ¿Por qué esa diferencia tan tétrica y morbosa?
El primer homicidio tuvo lugar en Nueva York a principios del año 1935. El objetivo era asesinar a Ángel Morales, el principal líder de la oposición, pero el matón se equivocó y eliminó a un compañero de habitación, Sergio Bencosme, otro exilado antitrujillista. El dictador había apresado en esos días a Amadeo Barletta, ciudadano italiano, y el gobierno de ese país había presionado mucho al Departamento de Estado para que fuese liberado. Trujillo sabía que Sumner Welles, encargado allí de los asuntos latinoamericanos, era amigo de Morales. Luis de la Fuente Rubirosa, primo de Porfirio, fue el responsable del hecho y Trujillo ordenaría su asesinato una vez regresase al país.
El líder sindical Mauricio Baez se exiló y en diciembre de 1950 fue desaparecido en Cuba. Félix W. Bernardino, diplomático en La Habana, había reportado nueve meses antes sobre una reunión del exilio donde, a iniciativa de Báez, se había considerado la posibilidad de actos terroristas contra la legación dominicana en esa ciudad. Pero, más importante aún, en opinión de otro exilado, Mauricio Báez, en un programa de radio había dicho que Ramfis no era hijo del dictador, sino del Dr. Porfirio Dominici, quien, en efecto, había sido amante de María Martínez. Báez sería el primero de tres personas asesinadas, residentes en el extranjero, por haber cuestionado la legitimidad de Ramfis.
El periodista y novelista Andrés Requena, quien había criticado fuertemente y por asuntos personales en su periódico a Minerva, la hermana de Félix W. Bernardino, fue asesinado en Nueva York en 1952.
Jesús de Galíndez escribió en julio de 1952 un artículo en la revista cubana “Bohemia” donde citó que en 1929 “la señora María Martínez, casada con un capitán cubano tuvo un hijo varón y que fue desconocido por el marido y prontamente reconocido por el general Trujillo”. Se trataba de Ramfis. Víctor Alicinio Rivera, miembro del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) en la década de los años cincuenta y principios de los sesenta, reveló en un libro que publicó desaparecido ya Trujillo, que el SIM de la Aviación, ya comandada por Ramfis, le hizo llegar a este la copia del artículo de la revista “Bohemia” y que, publicación en mano, Ramfis la tiró sobre el escritorio de su padre diciendo: “¡Dime qué hay de cierto en esto!”. Galíndez, pues, había provocado la enemistad y distanciamiento entre el padre y su primer hijo y desde entonces Ramfis acudiría a los servicios de siquiatras en Estados Unidos y en Europa. También desde ese momento se comenzó a conspirar sobre su asesinato.
Almoina había publicado lo mismo tres años antes en el libro “Satrapía en el Caribe”, el cual fue escrito bajo un seudónimo. Pero Ramfis no lo había leído. Almoina sería asesinado por órdenes de Trujillo en Ciudad de México en 1960.
En 1955 Galíndez publicó otro trabajo en “Cuadernos americanos”, donde dijo: “Trujillo carecía de heredero varón y quería legitimar como suyo el adúltero que su tercera esposa dio a luz poco antes de divorciarse de un cubano”. Por segunda ocasión Galíndez trajo el tema de la bastardía de Ramfis. Su traslado a República Dominicana sería coordinado por el general Arturo Espaillat y Félix W. Bernardino en 1956. Con la complicidad de algunos policías de la ciudad de Nueva York desde su apartamento entró a un vehículo de la misma policía en el cual fue anestesiado y llevado a un aeropuerto cercano, donde el piloto Gerald Murphy lo llevaría a Miami y desde allí a Montecristi y luego trasladado en una ambulancia a Dajabón. Desde ese pueblo, en un segundo avión, Octavio (“Tavito”) de la Maza lo llevaría a Ciudad Trujillo.
Ocho meses antes del rapto de Galíndez, fue asesinado a puñaladas en La Habana el exilado antitrujillista Manuel de Jesús (“Pipí”) Hernández Santana, mientras trabajaba por las noches como capataz en una brigada obrera en la construcción de un hotel. No era una figura prominente y su nombre fue sugerido por un médico dominicano que vivía en México. La policía cubana pronto capturó a miembros del hampa cubana, entre ellos un pariente de Policarpo Soler, quien para aquellos tiempos vivía en República Dominicana y era cercano de Félix W. Bernardino.
En resumen, aunque tres de los asesinados habían citado lo de la bastardía de Ramfis, fue por lo escrito por Galíndez que Ramfis se enteró de eso. El distanciamiento entre padre e hijo provocado por ese incidente sería lo que haría que Trujillo ordenara que en vez de matarlo en Nueva York lo trajeran físicamente a su presencia en Ciudad Trujillo, donde sería asesinado. Los otros cinco fueron muertos en el lugar donde habitaban. Bernardino estuvo involucrado en la preparación de cinco de esos seis homicidios.