La política encuentra su verdadera razón de ser cuando se convierte en un instrumento para transformar positivamente la vida de las personas. Más allá de las posiciones que podamos ocupar, de las responsabilidades que asumamos o de las aspiraciones individuales que legítimamente tengamos, existe un propósito superior que nunca debemos perder de vista: servir al país.

Ese espíritu estuvo presente en el nacimiento del Partido Revolucionario Moderno (PRM). Su creación respondió a la convicción de que la República Dominicana necesitaba una nueva manera de ejercer la política, fortalecer sus instituciones y construir oportunidades de progreso para todos los dominicanos.

Hoy, desde la responsabilidad de ser partido de gobierno, esa convicción adquiere una dimensión todavía mayor. Porque gobernar no significa únicamente administrar el Estado, sino también preservar los principios que dieron origen a un proyecto político y traducirlos en acciones que beneficien a la sociedad.

En los encuentros de escucha que venimos desarrollando en distintas provincias del país, y que recientemente hemos extendido a nuestra comunidad dominicana en el exterior, hemos tenido la oportunidad de conocer inquietudes, expectativas y aspiraciones de nuestros compañeros.

Cada planteamiento merece atención y respeto. Detrás de esas voces encontramos hombres y mujeres que han dedicado tiempo, esfuerzo y compromiso a una organización política en la que depositaron sus esperanzas de contribuir a un mejor país.

Es natural y legítimo que muchos aspiren a participar directamente en las responsabilidades del Gobierno. Esa aspiración, cuando está acompañada de preparación, capacidad y vocación de servicio, puede representar una valiosa oportunidad para fortalecer la gestión pública.

Sin embargo, también debemos recordar que el compromiso político trasciende el ejercicio de una función gubernamental. La participación en la construcción de un mejor país no comienza con un nombramiento ni termina cuando dejamos de ocupar una posición.

El Estado tiene la responsabilidad de responder a las necesidades de toda la ciudadanía, y el acceso a la función pública debe sustentarse en criterios institucionales, capacidades y procedimientos establecidos. Al mismo tiempo, una organización política debe mantener abiertos los espacios de participación, formación y desarrollo de quienes contribuyen a su fortalecimiento.

No se trata de contraponer las aspiraciones personales al compromiso colectivo. Se trata de comprender que ambos pueden convivir cuando existe claridad sobre el propósito que nos une.

Las jornadas de escucha también nos recuerdan que la cercanía con nuestra gente no puede limitarse a los procesos electorales. Escuchar implica comprender, orientar, dar seguimiento y, sobre todo, actuar con responsabilidad frente a las expectativas que se generan.

El verdadero sentido de servir está en reconocer que, por encima de cualquier posición, nuestra mayor responsabilidad es contribuir a una República Dominicana con más oportunidades, instituciones fortalecidas y mejores condiciones de vida para todos.

Porque los cargos son transitorios, pero el compromiso con el país debe permanecer.

Del crecimiento a las oportunidades:
el desafío que nos plantea la CEPAL

Deligne Ascención Burgos

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