La inflación bajó de 5.13 % en agosto a 5.12 % en septiembre. Una diferencia imperceptible, difícil de presentar como alivio para las familias. Además, continúa por encima de la meta del Banco Central. Una cosa es que los precios suban más despacio y otra que la vida cueste menos.
Basta mirar la canasta familiar. Hace un año, comprar los bienes y servicios que incluye costaba alrededor de 47,500 pesos mensuales. Hoy cuesta casi 50,000. Una familia necesita cerca de 2,400 pesos adicionales cada mes para mantener aproximadamente el mismo consumo. No compra más, paga más por lo mismo.
La situación es más difícil para quienes tienen menores ingresos. En esos hogares, el costo de la canasta aumentó cerca de 1,400 pesos mensuales. Puede parecer menos que lo registrado en los hogares de mayores ingresos, pero esa comparación oculta lo esencial: a una familia que vive con poco dinero le cuesta mucho más encontrar de dónde sacar esos pesos. Si dedica más a la comida, tiene que reducir otros gastos. Y no hablamos de compras que puedan aplazarse fácilmente.
El propio Banco Central registra aumentos en productos tan comunes como el arroz, los huevos, los plátanos, las batatas y los guandules. También subieron el transporte y la educación. La gente puede posponer la compra de una TV, pero no puede dejar de alimentarse ni de trasladarse al trabajo. Son gastos que aparecen todos los meses, aun la inflación se modere.
El costo de la vida tampoco aumenta por igual en todas las regiones. Hay lugares donde la canasta se ha encarecido más que en otros. Una cifra nacional resume lo ocurrido, pero no refleja necesariamente lo que enfrenta cada familia.
El Banco Central muestra una mejoría en la inflación subyacente, un indicador que excluye algunos precios que cambian bruscamente. Es una señal favorable para la política monetaria, pero no significa que los precios del supermercado estén bajando.
Aquí aparece una pregunta que merece tanta atención como la inflación: ¿Han aumentado los ingresos familiares lo suficiente para compensar estos incrementos?
Cuando los ingresos no crecen al mismo ritmo que los gastos, las familias tienen pocas alternativas. Compran menos, utilizan sus ahorros o se endeudan. En cualquiera de esos casos, su situación empeora, aunque los informes oficiales registren una inflación menor. Pensemos en un automóvil que reduce la velocidad. Sigue avanzando y alejándose del punto de partida. Con los precios ocurre algo parecido. Que la inflación disminuya no significa que los precios retrocedan. El BC puede considerar favorable la moderación de la inflación. Pero mientras las familias necesiten más dinero para comprar lo mismo, la distancia entre las estadísticas y lo que ocurre en sus bolsillos seguirá creciendo.