Si tomamos como válidas las nuevas proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre la economía dominicana, publicadas en octubre, estamos frente a buenas y malas noticias. Las primeras son importantes, pero las segundas merecen mayor atención.
Del lado de las buenas noticias, el FMI prevé que el déficit de cuenta corriente se mantendrá alrededor del 1.5 % del PIB, considerablemente por debajo del promedio de los últimos cinco años. También anticipa una reducción gradual de la deuda pública, desde cerca del 57 % del PIB en 2026 hasta el 50 % en 2031. Son señales favorables para la estabilidad macroeconómica.
En cuanto a las malas, el crecimiento económico continúa sin recuperar su antiguo vigor. El FMI proyecta una expansión de 4.6 % en 2026 y 4.4 % en 2027, esta última inferior al 4.75 % previsto oficialmente.
De cumplirse las proyecciones, completaríamos ocho años consecutivos creciendo por debajo de nuestro potencial estimado de 5 %. Es una nueva señal de que nuestra economía tiene menor dinamismo tendencial, un problema que no se resuelve con una actitud de negación.
La segunda mala noticia es que la inflación promedio tanto este año como el próximo rondaría el 5 %, que es el límite superior del rango establecido por el Banco Central como meta.
La tercera reproduce valores cercanos a las previsiones oficiales: el déficit fiscal rondaría el 3.6 % del PIB en 2026 y el 3.4 % en 2027, mientras los intereses de la deuda absorberían alrededor del 22 % de los ingresos fiscales, frente al 16 % antes de la pandemia. La deuda puede disminuir como proporción del PIB, pero eso no resuelve la estrechez presupuestaria.
Las previsiones del FMI permiten a algunos decir que el futuro no presenta un paisaje desolado, pero tampoco un jardín lleno de rosas. Otros preferirán decir que no estamos en un jardín de rosas, pero tampoco se vislumbra un paisaje desolado. Todo es según se mire.