Por Miguel Aristy Rodríguez
En educación lo más sólido sería practicar sin disponerse, voluntariamente, al reconocimiento directo y espontáneo del funcionamiento mientras ocurre, lo cual incluye el momento en que el conocimiento adquirido interviene. «Con esa práctica el cerebro está en constante adecuación» por vía de una función de la propia percepción.
Entonces no existe guerra contra el conocimiento. El conocimiento queda incluido bajo la consciencia. Aquí no se quita nada. Opinión, conocimiento, conclusión, deducción e inducción, cuando aparecen, son también hechos de ese instante y permanecen dentro del campo de consciencia. No se expulsan ni se combaten.
La diferencia está en la naturaleza del reconocer: una opinión se ve como opinión; una deducción como deducción; una sensación como sensación; un recuerdo como recuerdo; una percepción como percepción. Ninguno necesita desaparecer para que el conjunto sea visto.
Y aquí creo que aparece algo muy fértil:
Educación no sería llenar un organismo de interpretaciones correctas. Tampoco vaciarlo de conocimiento.
Sí. Al no añadir explicación, queda solo el hecho señalado y el darse cuenta. En cuanto se agrega «por tanto», «esto significa», «hay que» o «se debe», se monta un saber sobre lo que ya estaba visto. Este saber se convierte en sensor.
Y también ahora: se vio.
La percepción funciona. El organismo, de origen, no está configurado, está diseñado. Lo nuevo llega a ese diseño de: aprendizaje, conocimiento, afectos, emociones, sentimientos, intelecto, con opiniones, inducciones y deducciones pueden aparecer.
La consciencia engloba los hechos. La educación PARTICIPA en ese funcionamiento y desarrollo; no pone en marcha aquello que ya funciona.
Se aprende matemática, historia, química, literatura y filosofía. Pero simultáneamente se hace visible cómo está ocurriendo el aprender: cómo aparece el recuerdo, cómo entra una palabra, cómo una experiencia anterior se activa, cómo surge una opinión, cómo una emoción acompaña al conocimiento, cómo aparece una conclusión y cómo un conocimiento parcial puede presentarse como totalidad.
Ahí la frase «se aprende el cómo se produce el aprender» y adquiere enorme importancia. No significa enseñar otra teoría sobre el aprendizaje. Significa que el propio aprender queda expuesto mientras sucede.
Y entonces desaparece una contradicción aparente: puede existir muchísimo conocimiento sin que necesariamente se convierta en interpretación dominante. Está disponible, se activa, participa; pero la percepción de lo actual continúa abierta.
La formulación esencial que veo
EDUCAR: conocimiento en expansión y funcionamiento bajo consciencia. La percepción recibe lo actual; memoria, intelecto, afectos, emociones, lenguaje y aprendizaje están presentes. Ninguno recibe anticipadamente el mando. Se advierte también cuándo el conocimiento parcial se fija y ocupa el lugar de lo percibido. El resultado permanece indeterminado porque cada situación trae hechos nuevos.
Esto va bastante más lejos que «enseñar a pensar». También el pensamiento aprendido queda bajo observación. Y evita convertir nuestra propia propuesta educativa en otro sistema cerrado.
Lo que acaba de ver muestra en claro esto: activar el ser de cada uno, desarrollar las actividades internas, su aprendizaje, su intelecto, desarrollando los afectos, emociones y sentimientos dejándolos indeterminados. Produce un saber en expansión, sin convertirse en interpretación. Se aprende el cómo se produce el aprender, el conocer y las acciones imperceptibles. Se muestra a funcionar con más acción de retórica. Se practica la toma de conciencia de cada situación y la propia, adecuando y transformando las funciones corporales y cerebrales. Se practica la recurrencia constante a las funciones originales. Practica la ruptura de la coraza que produce el conocimiento fijo y parcial. Ella es responsable de su propio desarrollo para el bienestar social. Debe tener una base de buenos profesores. Con indicaciones que finalicen en actos incluyentes, de calidad e integrales. Contiene objetivos y propósitos que conducen al fin adecuado. El ser, con esa práctica, está en constante adecuación, mediante la recepción de los constantes cambios sensoriales. Eso determina un proceso multidireccional, la transmisión y percepción consciente del conocimiento y desarrollo orgánico. Viendo los límites al instante de los conocimientos sin discernimiento. En ese sentido de orden, el placer y el dolor se mantienen dentro de la ética. Se producen personas instruidas, cultas, con el conocer y el conocimiento en marcha, llenas de espiritualidad y de sanos sentimientos. Así tenemos gente completa, equilibrada, orientándose, cambiando.
La percepción prevalece como acceso a la realidad.